¿Qué es un aval? En economía doméstica, una garantía añadida a un préstamo que asegura el cumplimiento de la obligación económica a favor de una entidad financiera. Es decir, que el avalista se está comprometiendo a hacer frente a los pagos de otra persona en caso de que ésta no pueda, o no quiera cumplirlos. Para ver cómo funciona vamos a ver la historia de dos buenos amigos y cómo influye en sus relaciones esta operación.

Luis y Angel se conocen de toda la vida. Son amigos cercanos y las circunstancias de la vida han hecho que cada uno siga caminos distintos.

Por un lado Luis está casado con Dolores, y entre los dos ingresan unos 3.000 euros al mes. Han comprado su casa con hipoteca, pagan 900 euros al mes, y les quedan 10 años, ya que mediante una buena administración han ido cancelando su deuda de forma anticipada desde que empezaron con el préstamo. Son tan ordenados que han conseguido además tener un colchón para eventualidades de unos 20.000 euros. De hecho, en su entorno pasan por “adinerados”.

Por otro, Angel ha tenido un buen trabajo durante años, ha ganado 2.500 euros mensuales “después de impuestos”, se casó con Teresa que no tiene ingresos, y han vivido muy bien al día. No han comprado vivienda, optaron por el alquiler y no tienen ahorros dignos de tal nombre. En estos malos momentos que vivimos la empresa de Angel hace una reducción de plantilla y le afecta directamente. Le dan una indemnización de unos 30.000 euros, porque lleva muchos años.

Nuestro protagonista no se conforma con su suerte y con más entusiasmo que preparación decide montar un restaurante de franquicia. Muy ilusionado con lo que parece un negocio seguro, pese a carecer de experiencia, ve que con lo que dispone no es suficiente. Hace sus cuentas con la información que tiene y  así le pide al banco un préstamo de otros 20.000 euros a 5 años. Con un tipo de interés del 9% tiene que pagar 415 euros al mes y un total de intereses por la operación de 4.910 euros.

Aquí llegamos al centro de la cuestión: en el banco le dicen que les parece muy bien el plan de ingresos del negocio, pero que hoy por hoy, ni siquiera está en marcha y que no puede contemplarse su financiación a menos que cuente con un “buen avalista”, alguien con ingresos fijos, vivienda y a ser posible ahorros.

Angel recurre a su buen amigo Luis y le pide “por favor”, que le apoye en su nuevo negocio de cara al banco. Este accede de todo corazón. Y ¿qué es lo que ocurre?

Nuestro protagonista quiere iniciar un negocio sin suficiente respaldo financiero para compensar la falta de experiencia. El importe de la inversión puede resultar superior a lo que pensaba “con las cuentas hechas”. Si además las previsiones de ingresos y gastos se desvían, el paso siguiente será primero la dificultad y luego la imposibilidad de pagar el préstamo bancario al que se ha comprometido en los plazos previstos. Entonces ¿qué pasará con Luis?

A Luis le llaman del banco para que haga efectivo el importe de la cuota que ha dejado de pagar Angel. Habla con su amigo que le dice que de momento está apurado y no puede hacerle  frente (a 415 euros), que va a intentar solucionarlo, que tiene otros gastos más urgentes. El tema se agrava al siguiente mes, en que llama la gestora de recobro, para notificarle que sigue el retraso.

Como no consigue hablar con Angel, Luis se persona en el banco y les hace ver que no se trata de que el titular no tenga dinero, sino que tiene retrasos en sus pagos que ya solucionará, pero que ya “lo irá arreglando”, total estamos hablando “solamente” de 830 euros.

Los retrasos continúan y se demora el préstamo con lo cual a Luis le exigen el pago más el correspondiente recargo por el aplazamiento, de acuerdo con el contrato, ya que el avalista “responde de las deudas del titular en caso de impago de éste”, ya que es a eso a lo que se ha comprometido, si bien no es lo que él ha entendido.

Luis se rebela, y al no pagar él tampoco, va a engordar la lista de ASNEF (Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito), donde las entidades financieras ponen a todo aquel que incumple sus obligaciones, en cuanto pasan cuatro meses de impago, llamada “la lista de morosos”. Entra en una espiral que se demora en el tiempo, con reclamaciones constantes, y ante la amenaza de acción judicial a los seis meses acaba pagando por aburrimiento. Si no lo hubiera hecho se hubiera procedido a la petición del embargo de los bienes, tanto del titular (que no tiene) como del avalista. Eso sí, las amistades con Angel están perdidas definitivamente.

¿Qué ha ocurrido? Angel ha pedido a Luis su “apoyo”, al firmar un aval frente al banco. En principio no le ha pedido dinero. Puede parecer que entre buenos amigos es “lo mínimo”, sobre todo después de la situación tan desairada en la que se encuentra.

El banco ha pedido el aval porque el negocio que plantea Angel no le parece lo bastante realista, no tiene garantías de recobro en sí mismo y no lo considera lo bastante sólido como para hacer frente al préstamo que se establece.

Si Luis no le hubiera dado su apoyo, no podría haberse metido en este negocio en concreto y tendría que haber buscado algo más a su alcance, que supusiera menos inversión y unos ingresos más inmediatos, contando con los recursos disponibles sin endeudarse. O sea, no le ha hecho ningún favor, ni a su amigo ni a sí mismo.

Para apoyar verdaderamente a Angel, sin meterse en otros jardines, si confiaba plenamente en él y en su proyecto hubiera sido preferible que le prestara directamente el dinero. Si se encoge ante esta idea, entonces, que no avale, porque es exactamente lo mismo, sólo que en el primer caso el daño se limita a la pérdida del dinero.

REGLA: No avales bancariamente a nadie, nunca. Si confías en la persona, préstale directamente el dinero que necesita. Si no te lo puedes permitir, tampoco puedes avalar. Te obligas exactamente a lo mismo que el titular.

EXCEPCION: Cuando has decidido emprender un proyecto, tal vez lo hayas iniciado como sociedad, en ese caso tus bienes están a tu nombre y la sociedad (que es tuya) no tiene nada. Si pides financiación, cualquier entidad que reciba la solicitud, aunque el proyecto sea viable te pedirá que avales personalmente.

Si no estás comprometido económicamente con tu propio proyecto, por qué van a estar más implicados que tú. Lo que te están pidiendo es que te avales a ti mismo. Como es igual que pedirlo directamente y tú eres el dueño de la sociedad sabes exactamente a lo que te obligas y depende únicamente de ti no tener problemas con el banco.

En resumen, lo que parecía una decisión no financiera, firmarle un aval a un amigo, implica tanto confianza, como “con” “fianza”, valga el juego de palabras. Solamente cuando el control de la operación es totalmente tuyo puedes contemplar sin problemas esta posibilidad.

¿Conoces algún caso parecido a éste? ¿Qué opinas?