Nadie nace enseñado. Para casi cualquier tema que se te ocurra ya existe un proceso lógico y ordenado que los que nos preceden han trabajado y pulido hasta diseñar un sistema que funciona. Otras personas ya lo han intentado y han pagado el precio del ensayo y la equivocación y han soportado el coste. No hace falta reinventar la rueda. Aprender es subirse a los hombros de quienes te precedieron.

Te toca entonces nada más, y nada menos que definir con claridad hacia dónde quieres ir. Si deseas tener éxito, un negocio que sostenga el estilo de vida que buscas, has de encontrar algo que para ti reúna los siguientes requisitos:

1. Algo que te apasione, en lo que creas realmente y que te guste hacer. Si no es así si tu propia opinión hacia tu producto o servicio es neutra o indiferente, tendrá como resultado que no te importará demasiado si tienes o no clientes, y que a la primera dificultad seria tires la toalla.

2. Algo en el que tengas el potencial de ser el mejor (o del 10% mejor), si la oferta de productos no es suficientemente buena, o no tiene potencial para serlo se dificultará vender y repetir la segunda venta con el mismo cliente.

3. Que tu producto y/o servicio tenga mercado potencial para hacer realidad tus metas financieras. Si el producto o servicio lo tienes que poner forzosamente a bajo precio puede ser por mala calidad, insuficiente promoción, mucha competencia, escasa demanda o mejores alternativas.

Una vez que te pongas en marcha, necesitas afinar la capacidad de detectar los cuellos de botella, donde se bloquean y atascan tus iniciativas, en muchas ocasiones debido a la falta de experiencia y que puedes mejorar por tus propios medios.

¿Cual es tu problema principal? ¿Dónde podrías llegar si no lo tuvieras? ¿Qué puedes hacer de inmediato para iniciar su solución?

El emprendedor de éxito se concentra en la solución, no en el problema. Qué pasó o quién tiene la culpa no ayudan a saber qué es lo que se debe hacer para progresar. A veces la idea inicial va evolucionando y variando de forma que muchos empresarios encuentran el éxito en áreas que no se imaginaban. La flexibilidad facilita una reacción continua, probar cosas nuevas, abandonar lo que no sirve y volverlo a intentar una vez más.

La importancia de una actividad se determina viendo las consecuencias potenciales de realizarla o no realizarla. Planificar la actividad y ajustar luego según lo que va ocurriendo son de las que marcan la diferencia. El no hacerlo puede ser la diferencia entre el ser o no ser.

Un 50% de tus esfuerzos y gastos debe concentrarse en crear y mantener a tus clientes. Sin ellos no hay negocio. Las ganancias son el resultado de conseguirlo a un coste razonable.

La satisfacción del cliente te dará la clave de tu éxito. Significa que te comprarán a ti y no a otros, que repetirán sus compras y que te traigan a sus amigos, eso te dará crecimiento y rentabilidad.

Agrega valor ¿cómo?. Incrementa la calidad, reduce el coste, acelera la entrega, mejora el precio respecto a los competidores. Ha de mejorar la vida o el trabajo de tu cliente y continuar haciéndolo cada vez más. Así se crea el valor suficiente para poder tener ganancias.

El pulso de tu negocio son las ventas, la razón principal del fracaso es el bajo volumen de ventas. Cualquier sistema de ventas debe ser pensado y trabajado para optimizar sus resultados.

Como ya he comentado en otro post, el flujo de caja debe estar cuidadosamente controlado, puesto que si te quedas sin efectivo se acaba tu empresa. También la rentabilidad de los productos y servicios debe estar trabajada, por la misma cuestión.

TODA EMPRESA NECESITA UN SISTEMA

Un sistema es un proceso paso a paso, una descripción completa de todo lo que hay que hacer para gestionar algo de una manera homogénea y con un resultado consistente y predecible. La clave es la “capacidad de reproducir” lo que se hace.

Una vez implementados estos sistemas la empresa podrá operar en “piloto automático” y mejorar sus resultados. Te permitirá poder delegar y externalizar algunos servicios manteniendo tus estándares de calidad.

Cuando se empieza, inviertes mucho tiempo y esfuerzo además de gastos para que tu negocio comience a funcionar. Cuando lo hace, el sistema para que funcione está “en tu cabeza”, si no sistematizas el saber-hacer desarrollado no puedes sacarle verdadero partido.

Puedes determinar a qué te dedicas que tenga más impacto, como la investigación y desarrollo del negocio, y a las tareas que más te gustan. Para poder seguir aprendiendo siempre, mejora continua. Para poner en práctica lo aprendido, de forma sistemática. Y persistir todo lo que haga falta.

Todos los negocios tienen tres actividades básicas comunes, que si tienen algún problema pueden volverse críticas:

1. Promocionar y vender el producto o servicio.
SISTEMA DE VENTAS. Marketing, publicidad y promoción. Conversión de clientes potencialmente interesados en clientes compradores.
SISTEMA DE SERVICIO AL CLIENTE. Seguimiento, necesidades y quejas, contacto regular con los clientes, presentación de nuevos servicios.

2. Producir y entregar el bien o servicio producido.
SISTEMA DE PRODUCCIÓN, facilitará calidad, eficiencia y continua reducción en costes.
SISTEMA DE ENTREGA, mínimas demoras y alto nivel de calidad.

3. Dirigir y administrar las finanzas y actividades de la empresa.
SISTEMA DE CONTABILIDAD-FINANCIERO. Conocer siempre donde está el dinero y cómo circula.
SISTEMA DE PERSONAL. Colaboraciones y delegaciones.

Cuando se está en un negocio pequeño y unipersonal puede parecer que no llegas a todo. Si bien es cierto que hay muchas cosas a las que prestar atención, el esfuerzo de poner en marcha un sistema puede liberar tu tiempo y tus energías cuando lo consigas.

En el área financiera es tan sencillo como poner una check-list con una serie de tareas, diarias, semanales, quincenales, mensuales, que en el peor de los casos te pueden llevar de 10 a 20 minutos, pero que te dan el control sobre dónde está tu dinero y qué vas a hacer a continuación.

SABER CUALES SON LOS PUNTOS CRITICOS E INDELEGABLES y asegurarte de estar informado y comprenderlos bien.

Aunque parezcan muchos puntos, lo cierto es que el negocio no es grande, motivo por el cual funciones que precisan departamentos enteros en grandes empresas las puedes despachar en un cuarto de hora, pero no por ello son menos importantes para asegurar el buen funcionamiento de tu negocio.

Si organizas tu negocio, sistematizas en lo posible los procesos, y delegas lo necesario (o externamente, o si creces en colaboradores), liberarás tiempo para seguir desarrollando la excelencia en lo que haces, pasas de conducir el coche pensando en qué marcha metes, a ver el tráfico y divisar el hueco por donde puedes avanzar.

Un navegante solitario en un velero sabe tirar de todos los cabos para que se muevan las velas. Su conocimiento le sirve para cuando ya tiene tripulación ir delegando las tareas más repetitivas y de menor importancia, pero, aunque pueda tener un timonel seguirá siendo su privilegio y su responsabilidad marcar el rumbo a seguir y comprobar que efectivamente es el que se está siguiendo, y en caso necesario tomar la decisión de cambiarlo. Y tú ¿qué opinas? Si te ha gustado el post, te agradecería que lo compartieras.