Pan para hoy y hambre para mañana

De vez en cuando, salta en las noticias una historia digna de ser más que contada, revisada a fondo, por toda la “miga” que lleva dentro. Este es el caso del famoso panadero de Valencia.

José Navarro, panadero e hijo de panadero, comenzó una guerra de precios en Valencia poniendo la barra de pan a 20 céntimos en septiembre de 2012. El valor medio nacional estaba en 0,59 euros. Su objetivo, crecer y competir con los más grandes.

Salió en todos los medios de comunicación del mundo mundial (hasta la BBC), y las fotografías y reportajes de TV de las colas de gente comprando eran cosa de todos los días. Era un héroe, en plena crisis, rebajando el precio de un bien de primera necesidad como el pan.

Después de su oferta, hizo enemigos en el sector, que le acusaban de vender por debajo de costes y llevarles a la ruina. Protestaba también por sentirse acosado por las Inspecciones de Sanidad.

En la cresta de la ola de la popularidad se propuso expandir su “modelo” de negocio. Para ello recurrió a un sistema de franquicias. En su mejor momento llegó a tener cerca de cincuenta puntos de venta asociados y casi 500 empleados (150 directos).

Y cuáles eran las características de sus franquicias:

Acondicionaba el local para ponerlo a punto para vender panes y bollería. Todos los suministros han de ser comprados en exclusiva a su obrador.

Sin realizar desembolso inicial, pactando una parte de los beneficios para José Navarro y al cabo de 6 meses a 1 año, posibilidad de adquirir la franquicia por 30.000 euros.

En cuanto a los precios: La franquicia compra el pan al obrador por 15 céntimos y lo vende por 20, es decir, gana sólo 5 céntimos por barra. Con estas cantidades se necesita vender 3.000 barras al día, para sacar 150 euros.

Y eso sin gastos de personal, local, suministros y demás.

¿Dónde está el beneficio?

Para finales de 2013 había reventado el mercado del pan en la Comunidad Valenciana, con el cierre de muchos obradores de la competencia que no pudieron aguantar en precios.

Incluso los mayoristas, como Carrefour o Dia, e incluso Mercadona, gran líder de la zona, rebajaron drásticamente los precios de la barra de pan, usándola como gancho, si bien no llegaron a igualar sus precios.

José Navarro llegó a facturar, en su mejor momento, 8.400.000 euros según las cuentas de 2014. Ese fue su momento de gloria.

Pero qué pasó en realidad, ¿era acaso el milagro de los panes y los peces?

La evolución de las cifras de Forn i Pastisseries Navarro fue la siguiente:

Año 2012.
Ventas: 1.700.000 euros.
Gastos de personal: 700.000 euros.
Beneficio: 12.000 euros.
Deudas acreedores comerciales: 260.000 euros.

 

Año 2013
Ventas: 5.000.000 euros
Gastos de personal: 1.440.000 euros.
Beneficio: 98.000 euros.
Deudas acreedores comerciales: 880.000 euros.

 

Año 2014
Ventas: 8.400.000 euros. Venta máxima estimada 250.000 panes diarios.
Gastos totales: 8.600.000 euros.
Pérdida: 200.000 euros.
Deudas pendientes: más de 300.000 euros (y siguen saliendo).
En los registros de impagados, la compañía figura con cerca de un millón de euros reclamados.

 

Ahora, en febrero de 2016, José Navarro afronta solicitud de concurso.

El juzgado de lo mercantil número uno de Valencia admitió a trámite petición de declaración de concurso necesario de su empresa, Forn i Pastisseries Navarro, instada por un acreedor, que reclama más de 200.000 euros.

Si el juez declara finalmente el concurso como necesario, y el procedimiento es culpable, Navarro tendrá que responder posiblemente con sus bienes personales ante el acreedor, y podría perder la capacidad legal para administrar sociedades durante unos años.

La contabilidad de la empresa de Navarro y esta solicitud de concurso necesario hacen sospechar que su secreto era incumplir sus obligaciones de pago.

Ha salido recientemente en medios de comunicación contando que lo ha perdido todo, malvendió sus bienes y está trabajando de panadero mileurista.

 

Y ESTO ES LO QUE HA OCURRIDO:

El despacho de pan es un negocio que cobra al cliente al contado. Eso supone un importante flujo de efectivo diario, aunque el precio fuera bajo.

Los gastos que se producen, personal (mensuales), suministros y alquiler (mensuales), impuestos (trimestrales, al menos al principio) y Seguridad Social, proveedores (a uno y dos meses), no tienen que satisfacerse de inmediato.

Ingresos no es lo mismo que beneficios.

Si hubiera tenido que pagar según cobraba no tenía margen, que era la acusación que le hacían los demás panaderos.

En vez de tener un negocio, sólo movía dinero.

En pleno boom, presumía de que podía poner el precio más barato porque producía mucha cantidad, vaya que era por “economías de escala”.

En el gremio de panaderos, sostenían que estaba omitiendo los costes de comercialización y transporte.

Ahora reconoce que tenía un margen muy escaso, y que todo lo basaba en el volumen, que obviamente, no ha sido suficiente.

Se encontró con mucha tesorería en cuenta, pendiente de pagar a proveedores, personal y suministros, abundante y golosa, y la empleó en financiar un crecimiento descontrolado.

En un funcionamiento típico de las estafas piramidales, va pagando a los proveedores, con el dinero del día a día, sujetando los desfases a base de créditos, que podía hacer frente a base de la liquidez diaria.

De hecho, achaca el reventón final a que le denegaron un préstamo de 1.800.000 euros. Por muy rápido que iba, ya no daba tiempo a hacer frente a los antiguos acreedores mientras buscaba nuevos. Al faltarle el oxígeno bancario, se acabó.

Eso sí, en el proceso, ha llevado al cierre a un montón de pequeños negocios en plena crisis, que no podían aguantar financieramente perder dinero en vez de ganarlo. Ha dejado pilladas también a tres harineras y varias compañías de transporte.

 

En conclusión, en este caso queda muy claro, que competir con precios demasiado baratos, el famoso low-cost, tan ajustados que no dan lugar a ningún resbalón, por mucho que consigas vender, no es una estrategia que se pueda sostener en un negocio pequeño.

Jugar con la tesorería, cuando el margen de beneficio no es suficiente, siempre tiene fecha de caducidad.

Es diferente en el caso de grandes cadenas con muchos productos, que pueden compensar unos con otros, e incluso utilizar algunos a pérdidas, y aún así, han de conseguir no pillarse los dedos, y por supuesto, tener resistencia financiera por si no les sale bien la apuesta.

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