Un aspecto muy interesante de tener un negocio es qué hacer cuando un amigo requiere tus servicios profesionales.

La respuesta parece obvia, por supuesto tratarle estupendamente, no en vano la mayoría empezamos a trabajar por referencia de nuestros amigos y conocidos, pero la segunda parte y la que más conflictos crea es ¿y qué le cobro?, y eso si no te lo pide directamente gratis.

 

Ten en cuenta en qué consiste tu negocio

 

1 .  Si tus servicios son muy personales, como puede ser un terapeuta, o coach, consultor o consejero de cualquier tipo, te puedes encontrar con que no resulta conveniente por la excesiva cercanía, no va a ser tan efectivo como estás acostumbrado a conseguir.

Tu servicio no va a funcionar igual, y los dos vais a acabar disgustados.

Es el caso característico de que un médico no suele operar a nadie de su familia. Precisamente por eso su criterio profesional no conserva la misma objetividad.

Igual se dice del que no es profeta en su tierra, que viene alguien de fuera y le dice lo mismo y encima es estupendo, y no hace ni caso si se lo dicen los de casa.

En ese caso funcionará mejor que le recomiendes alguien en quien confíes profesionalmente que le de un buen servicio.

 

2. Que tus servicios sean a medida. Puede ser diseño web, diseño gráfico, fotografía, organización de eventos, …

En ese caso están los “ya que”, con lo que sabes para ti son dos minutos y me arreglas “esto, aquello y lo de más allá”.

En este asunto lo que funciona es presupuestar como para cualquier otro cliente, poniendo por escrito en que va a consistir el servicio, para no tener conflictos posteriores, esto ya independiente del precio.

Lo que es vital es pactar lo que se va a hacer y lo que no, cuando todavía no ha ocurrido nada negativo, que luego tiene difícil arreglo.

 

3. Que vendas productos físicos. En este caso se tratará más bien de tener una política de precios homogénea, precio cliente, precio familia, precio amigos, para todos igual y así no calentarte la cabeza.

 

En cualquiera de los tres casos anteriores, si trabajas con familia o amigos te conviene tener pensado de antemano qué precio estás dispuesto a cobrar, y el servicio que estás dispuesto a prestar y ser coherente con lo que hayas decidido.

 

Política de empresa o “normas de la casa”

 

(*) Puedes directamente, como hemos visto en el caso de los servicios, remitirlos a otro colega que les atienda, con lo cual no entras en tema de precios.

(*)Puedes establecer un descuento, siempre el mismo, para todos igual, para no tener conflictos con unos u otros (o contigo mismo).

(*) Puedes considerar clientes VIP a tus amigos y darles el mismo trato que a tus mejores clientes.

(*)Puedes decir que no descuentas a nadie por política de empresa y ya está.

 

 

Pero en realidad ¿cuál es el verdadero problema?

 

(*) Los límites que estás dispuesto a poner: que un amigo sea cliente no significa

  • que siempre haya que darle la razón
  • que haya que hacer todo lo que te diga aunque no tenga ni idea
  • que todas tus decisiones se enfocan en que quieres que piensen bien de ti, quieres que te quieran
  • que trabajes gratis para “darte publicidad”, lo más fácil sea que lo que publicites sea que no cobras por trabajar.

 

(*) Un cliente que se convierte en amigo ¿cómo lo tratas?

Que muchas veces la calidad de servicio se “relaja”, el cumplimiento de los plazos se resiente,  esperas más tolerancia con los errores y dilaciones.

Hay quien opina que si el trabajo que vas a hacer es “profesional” por ejemplo para un negocio que tiene tu amigo, le hace un precio especial, y si es “personal” lo hace gratis.

Es como si tu amigo que tiene un bar te invita a una copa, pero si llevas a unos cuantos colegas no puedes pretender que haga lo mismo, a lo mejor que las deje un poco más baratas.

 

(*) Un amigo quiere trabajar contigo ¿cómo te trata?

Que “la confianza da asco”, el amigo que si fuera cliente no se le ocurriría te marea a todas horas con llamadas y cambios intempestivos y ni siquiera se disculpa, lo da por hecho.

Otro gran ejemplo que me encontré es un diseñador que sólo hace “trabajos especiales” para quien es capaz de aguantar las dos, tres o cuatro horas junto a él trasteando, mientras le dan de merendar y cenar, y así dejan de pedirle lo que no sea muy necesario, ya que se dan cuenta del trabajo que lleva.

Porque una misma persona cuando ejerce de cliente se comporta, exige, espera, tiene expectativas diferentes que cuando ejerce de amigo. De hecho hay amigos que te piden que les cobres porque sino no se sienten a gusto, sienten desequilibrio en esa nueva relación, y si no quieres cobrar lo que les parece justo, prefieren no trabajar contigo.

 

(*) A veces ser atendido “como amigo” sugiere que éste poseerá ciertas ventajas o privilegios con respecto al resto de clientes.

Si se da con frecuencia se provoca la existencia de clientes de primera y de segunda y nadie quiere ser de segunda.

 

En resumen, que a pesar de lo que el marketing nos diga, el fin de tu negocio no es conseguir que un cliente se convierta en amigo, sino que la relación sea de respeto, cercanía y confianza, pero con la debida distancia por ambas partes, ya que no es lo mismo una relación de intimidad que una profesional, y muchas veces no es fácil diferenciar una de otra.

No es lo mismo la “emoción cliente”, que la “emoción amigo”, en muchos casos te dicen que hagas aquello con lo que te sientas cómodo, el problema es que lo haces y luego te sientes tonto, o que han abusado de tu buena fe.

Para evitarlo, nada mejor que tener pensada de antemano tu “política de empresa” en frío y cuando no has tenido problemas, y evitarás desagradables conflictos, aún más por ser con personas que te importan, como dice el refrán “cuentas claras, amistades largas”.

 

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