Una de las consultas más repetidas que me hacen, es cuánto tiempo puede tardar tu negocio en darte de comer, en ser rentable. Lo que se traduce en decir que  por fin “lo has conseguido”.

Y me la hacen desde tres momentos distintos, que son los siguientes:

  1. Cuando apenas acaban de empezar.

Si tienen un colchón de ahorros, siguen trabajando mientras van probando, o tienen apoyo familiar, pueden darse el tiempo y la tranquilidad que necesitan para la prueba y el error, que es inevitable.

En este caso puede tardar en llegarse a cubrir gastos y empezar a ganar entre uno y dos años dependiendo del  sector económico, siempre que sea a tiempo completo. También los tiempos se reducen cuando hay experiencia previa  y una buena campaña de lanzamiento.

 

En cambio, si se emprende por pura necesidad de sobrevivir, y hay que conseguir ingresos rápidamente, aunque tengan un pequeño capital inicial, que puede provenir de una indemnización laboral, incluso un negocio que podría prosperar no dispone del  tiempo que necesita para crecer, es demasiado urgente.

En este caso, es mejor reunir más recursos antes de ponerse en marcha, si no  la presión no permitirá que salga adelante. Lo que se va a conseguir es quedarse sin dinero y sin negocio.

Si plantas un árbol  se necesita un tiempo ineludible hasta que da frutos, por mucha hambre que tengas no puedes adelantarlo.

 

  1. Cuando llevan dos o tres años y cubren gastos pero poco más (punto muerto)

Hay desilusión. Tras tanto esfuerzo te dice “pago a todo el mundo, todos están contentos, pero a mi casi no me queda nada”, vamos que para este viaje no hacía falta correr tanto.

Incluso hay quien me dice que saca poco más que cuando estaba asalariado y que solo sigue por ilusión, pero que si no consigue “algo más”, está a punto de dejarlo.

Ese más es estar satisfecho con lo que se consigue después de tanto trabajo, y el tener ilusión de crecimiento y de por dónde vas a ir en el futuro.

En este caso, es muy importante revisar todos los procesos del  negocio, reorganizar gastos e investigar cómo mejorar los ingresos, todo lo cual variará en función del tipo de actividad.

Puede ir desde renegociar condiciones con proveedores, estructurar nuevos productos y precios para clientes, montar un sistema eficiente de tesorería, y sobre todo aprender a medir la eficacia de las medidas que se van tomando para saber que conviene más.

Vamos, pararse a pensar para conseguir que de verdad sea un negocio rentable.

 

  1. Cuando llevan mucho tiempo, hasta más de diez años, pero siguen sin estar tranquilos.

Aquí se dan dos situaciones:

Primera, cuando el negocio ha funcionado más o menos bien, y ha dado para vivir en condiciones,  y se producen cambios importantes en el comportamiento o preferencias de los consumidores, ha empezado a declinar y cada vez se gana menos, aunque se venda lo mismo.

Esto ha pasado con claridad en el sector editorial y en el textil, la forma de consumir ha cambiado mucho, no ha desaparecido el pasado, pero hay una evolución diferente a futuro.

En este caso se impone diversificar y hacer cosas nuevas, de alguna manera se está “agotando el filón” de la mina y hay que buscar otros antes de que se termine. La ventaja es que los números están avisando de lo que va a pasar si no se toman medidas.

 

Segunda,  has caído en el autoempleo, el día a día te come y no te paras a pensar,  pero los beneficios van tan justos que no hay reservas para afrontar cualquier incidente.  Dependes totalmente de que no te fallen los clientes que tienes.

Como te salga competencia estás vendido. De hecho, el negocio es como un niño que no crece, y si se pone malo en cualquier momento puede necesitar hasta los ahorros que hayas ido haciendo para tus necesidades personales.

Esto es habitual en muchos negocios que pasan de padres a hijos, siempre “lo hicieron así” , “no están para experimentos” y “no tengo tiempo”. A veces incluso reconocen la necesidad de cambiar, pero les da miedo hacer algo al respecto.  Restaurantes de muchos años, hostelería, comercios de todo tipo, se ven a menudo en esta situación.

Este es el resultado de no haber hecho antes lo que comentamos en la fase anterior, si no se para y se revisa la estructura de gastos y el modelo de ingresos y se optimiza todo lo posible, llegará un momento en que lo que tienes entre manos es un apagafuegos constante, mucho trabajo y poco dinero.

Pero siempre se está a tiempo de avanzar.  Saber dónde estás, ver los puntos de mejora y sobre todo actuar es la clave.

 

En conclusión:

Hay tres momentos muy importantes en la vida de todo negocio:

El primero que es cubrir costes.  Dependiendo de la actividad y de la inversión inicial puede llevar alrededor de un año.

El segundo que es ganar lo que necesitas para vivir, siempre habrá altibajos, pero que de forma sostenida y recurrente, o sea todos los meses seguidos, tengas clientes e ingresos suficientes puede llevar hasta dos años fácilmente.

El tercero conseguir lo que deseas, hasta dónde puede de verdad prosperar tu negocio.  A veces ni siquiera lo has calculado. A veces no es más dinero, sino más tiempo para tí.  Para llegar hasta aquí, hay que hacer números, y tomar acción pensada y sostenida, para que un negocio deje de ser un autoempleo.

 

Y siempre, desde el principio, que sepas valorar los progresos o la falta de ellos, y tomar decisiones adecuadas. No es tan importante decir, un año o dos, no tienen sentido las cifras aisladas, si ves que aunque pierdes al principio cada vez pierdes menos, y cuando empiezas a ganar, cada vez ganas más sin estancarte, es que vas en la buena dirección.

No es tanto hacer un plan de negocio, que nunca se va a cumplir, sino irlo adaptando a las circunstancias que se van presentando.

Y tú ¿qué opinas? ¿reconoces alguna de estas situaciones? Puedes dejarme tu comentario aquí debajo, y si te gustó comparte, gracias.

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