Los hábitos son las pequeñas acciones repetidas que nos llevan a conseguir un fin. Cuando los consideramos buenos, estamos tan contentos, pero cuando no es así, y  queremos quitarlos de encima, no reconocemos que están ahí porque cumplen una importante función en nuestras vidas.

¿Qué es lo que nos impulsa a llegar siempre tarde a determinados sitios, o a comprar en exceso, o a dejar según qué cosas para el último momento?  Lo que está claro es que están cubriendo una necesidad, claramente sirven para algo. A veces, es una comunicación directa del inconsciente, para hacernos cargo de problemas que no sabemos ver de otra forma.

Este es el motivo por el que resulta tan difícil cambiar de hábitos. Para tener éxito y continuidad en hábitos que nos apetece adoptar hay varias cosas que podemos hacer:

En primer lugar, si queremos evitar un hábito negativo, investigar qué necesidad está cubriendo, y ver de qué otra manera que resulte más constructiva podemos cubrirla.

En segundo lugar,  la naturaleza odia el vacío, es más fácil sustituir un hábito por otro que eliminarlo de frente.

Por último, cualquier hábito nuevo necesita una continuidad entre 20 y 30 días para afianzarse (pero seguidos por favor).

No se valora como se merece el heroísmo cotidiano de todos aquellos que, todos los días, hacen lo necesario para conseguir aquello que se han propuesto, y luchan por las personas y valores que les importan.

La responsabilidad que demuestran todos aquellos que, padeciendo alguna enfermedad crónica, se hacen cargo de su propia vida, realizando  esos pequeños hábitos, que marcan la diferencia entre estabilizarse y tener una vida digna y feliz, o deslizarse por la pendiente.

Mucha gente que sería capaz de sacar lo mejor de sí en una situación extrema, se dan contra la pared con cosas como tomar un vaso de agua todos los días por la mañana para no enfermar.

Como puede verse, no hay que minusvalorar el esfuerzo que representa hacer de forma sistemática  algo diariamente, o con una alta periodicidad, por valioso que sea. Para que sea más sencillo, hemos de visualizar qué es lo que nos aporta  para conseguir la meta que tenemos en mente.

También daremos  un repaso a las cosas que hacemos de forma cotidiana y discriminando  cuáles nos hacen avanzar  y cuáles no, nos centraremos  en hacerlas bien de una en una y así no pelear con una maraña de prioridades.

Y, por último, el hacer define el ser, por eso esas pequeñas cosas que hacemos todos los días nos hacen ser quienes somos, y por eso el hábito sí hace al monje.