Cuando te decides a emprender estás ilusionado con una buena idea, con conseguir tu sueño y haberte decidido a dar “el paso”. Se ha hablado largo y extenso sobre ideas para emprender, planes de negocio y captación de inversores, tanto internos como externos.

Sin embargo, hay una serie de factores relacionados con las finanzas, tanto personales como de negocio a los que no se presta demasiada atención, y no resultan tan “vistosos”, pero a tener en cuenta si quieres asegurar la viabilidad del nuevo negocio. Son los siguientes:

*)  Saber cuánto dinero necesitas para vivir. Las cuentas puedes dividirlas en cuatro, sin ser exhaustivos con las descripciones:
+Gastos fijos inevitables (impuestos, consumos, seguros, colegios, compromisos financieros ya adquiridos),
+Gastos fijos evitables (gimnasio, tv pago, alquiler plaza garaje)
+Gastos variables con un importe “fijo” (la cesta de la compra),
+Gastos variables con un importe “variable” (ropa, regalos, ocio)

Todos los importes se suman anualmente y se dividen por 12, y esto dará el gasto medio mensual, o sea, lo que necesitas para vivir como estés acostumbrado, no vale infravalorar que ya llegarán los ajustes.De todas formas: de los gastos descritos, con esta clasificación en caso necesario podrías apretar en gastos fijos evitables y en gastos variables cuya decisión de compra puedes aplazar.

*)  Saber de dónde va a salir ese dinero y cuánto tiempo puedes resistir sin ingresos. Aquí no estamos hablando de ahorros para invertir en la empresa, sino de la necesidad de tener un colchón previo de entre 12 y 18 meses de gastos calculados, para dar tiempo a empezar a tener ingresos de forma repetida, aunque sean irregulares.

Muchos emprendedores comienzan con su idea sin dejar su trabajo remunerado, para ir haciendo el “pulmón” financiero que saben que van a necesitar hasta que su idea funcione.

Este asunto se junta con otro que es cuando hay una indemnización y se invierte en el negocio en su totalidad. Si por el motivo que sea no sale bien, nos podemos quedar sin empresa y sin poder hacer frente a nuestros gastos corrientes.

Si por otra parte, empiezas a ver rendimientos aunque sean escasos, es fundamental que te pongas un “sueldo”, aunque sea bajo, eso es para ti, lo juntas con tus reservas y serán tus finanzas personales.

*) Si no tenemos pensado el punto anterior te acechará la tentación que puede hacer fracasar tu empeño, el de mezclar tu economía personal con la del negocio.

Lo cual se puede dar de dos maneras, lo coges del dinero “a mano”:

(+) Disponer del dinero que se ha conseguido para financiar la empresa por parte de terceros para cubrir los gastos personales corrientes.
(+) Si la empresa es de las que generan dinero en efectivo (aunque luego haya que repartirlo en pagos diversos), no esperar a saber qué importe es realmente de libre disposición y meter “la mano en el cajón” para salir de apuros.

Si mezclamos, por otra parte, también puedes verte en el bando contrario, poniendo “demasiado”:

(+) En lo que se refiere a la economía personal, ésta presenta unos flujos de entrada y salida regulares (o irregulares), pero claramente definidos. Si precisa financiación en una cantidad importante es para cosas concretas y muy determinadas (vivienda, vehículo, artículos de cierto importe).

(+) En cambio, la financiación en la empresa presenta, de entrada, dos dinámicas:

1. Por una parte cuando se pone en marcha hay una serie de gastos de instalación ó inversión, de los que se dan normalmente una sola vez, o cada varios años. Por ejemplo, si instalamos una tienda, el traspaso, la reforma, el mobiliario, la decoración, la primera compra de género. Esto se puede y se suele financiar con préstamos de 3, 5 o 7 años máximo.

2. Por otra está la financiación de funcionamiento, ese dinero que debe estar circulando continuamente, por eso se llama “circulante”. Cuando se financia en el banco son cuentas de crédito a 1 año, o líneas de descuento de papel comercial. Sale de la necesidad de financiar la inversión en existencias y consumos, y el pago a los proveedores, mientras consigues que te paguen a ti.

Las existencias son dinero inmovilizado mientras no consigas venderlas (o utilizarlas para elaborar productos según los sectores), cuánto necesites tener en stock dependerá de tu actividad. Los proveedores te suelen exigir el pago al contado, o máximo entre 30 y 60 días.

Tienes que estudiar el tiempo que puedes “aguantar” el plazo que le des de pago a tus clientes. Ya no se trata de la venta o servicio que les proporciones, también les estás financiando en cuanto tu ingreso no esté en el mismo plazo que tus pagos. Si tú pagas a 30 días y vendes a 60 días, has de financiar el coste de esos 30 días, y eso si no se retrasan tus clientes.

Esto significa que si un cliente te hace un pedido “grande”, puede suponer tu ruina, si en un momento determinado compras existencias para servirlo, las tienes que financiar, y luego se “vuelve atrás” o incumple su compromiso contigo.

No es una situación “coyuntural”, no puedes solucionarla con una segunda hipoteca de tu casa, ni tirando de préstamos personales o tarjetas de crédito, estas cosas sólo podrás hacerlas una vez. Es una dinámica financiera diferente, que se va a producir de manera reiterada.

Cuando una empresa casi recién nacida empieza a funcionar y gracias a Dios, le sale mucho más negocio del que en principio es capaz de absorber con los recursos iniciales, hay que pararse y pensar.

No hay que dejarse cegar por las cantidades que se mueven, mucho mayores que las de la economía familiar, sino hacer un cálculo realista de hasta dónde se puede llegar para financiar “el movimiento” de ese negocio extra. Puede ser con nuevos socios, o bien con financiación bancaria específica para circulante. En caso contrario se corre el peligro de “morir de éxito”, si para vender tenemos que ser además el “banco” de nuestros clientes.

En resumen, la economía familiar y la empresarial son diferentes en su funcionamiento y dinámicas. Si se mezclan una con la otra, sin tener en cuenta sus peculiaridades, te puedes encontrar con una receta explosiva que acabe con tu empresa sin que sepas muy bien qué ha pasado.

¿Conoces algún caso parecido? ¿Qué opinas?