“Lo que no te mata, te hace más fuerte” F. Nietzsche.

A los 22 años, tuve una experiencia inolvidable. La artritis reumática, sí, la de los ancianitos, que te hincha las articulaciones y duelen, y si va a llover eres como el pronóstico del tiempo, si pasa la nube por las Azores, te molestan los tobillos.

 

Y ¿qué tendrá que ver con la gestión financiera?

 

Pues resulta sorprendente lo mucho que tienen en común, a la hora de encontrarles solución:

 

1. No ocurre de repente.

 

No enfermas de la noche a la mañana, el deterioro es poco a poco, un día te duelen las manos, otro las rodillas, no descansas aunque duermas, siempre estás a medio gas. Piensas que será el estrés, que te hacen falta unas vacaciones y asunto arreglado.

Un día no te cuadran las cuentas, escurres los cajones y sales del apuro, otro no te llega para algún pago gordo, y “no sabes qué ha pasado”, tienes la sensación de correr a toda velocidad para no llegar a ningún sitio, siempre preocupado.

Y es que a veces se complica, un cliente paga tarde, se cae un encargo que ya tenía señal, o te encuentras con un impagado, y te quedas a la pata coja. Pero si esto pasa a menudo es señal de que hay algo más.

 

2. No te conformes con el primer diagnóstico.

 

Cuando ya era evidente que pasaba algo serio me busqué un eminente especialista.

Este buen señor me dijo que tenía artritis reumática, que era una “variedad” propia de mujeres jóvenes, y que era crónica, o sea para siempre.

Me preguntó si tenía hijos, a lo que le dije que no. Me recomienda entonces que tenga un hijo y así mejoraré.

Esto, que parece un despropósito, tiene su lógica, la artritis es una enfermedad autoinmune que mejora muchísimo con el embarazo. Eso sí cuando acaba estás igual que antes y con un niño que cuidar.

 

La primera solución que te viene a la cabeza, y que parece hasta evidente, es solucionar tus problemas de gestión financiera metiendo más dinero.

Esto puede hacerse de varias maneras, pero un préstamo que se pide, cuando es para tapar agujeros que no se sabe cómo se producen, igual que viene se va, el alivio es temporal y cuando te encuentras de nuevo en la situación del principio, adivina ….. además hay que pagar el préstamo.

 

3. Probar con paliativos.

Como no consideraba la opción de ser mamá de forma terapéutica, me puse a probar toda clase de paliativos para tratar la situación. Unas veces estaba mejor, otras peor, iba tirando, pero siempre en descenso.

En esta situación no tienes mucha calidad de vida, todo se reduce a si tienes o no controlado el dolor y qué eres capaz de hacer en cada momento, ya que tu movilidad articular está bastante limitada.

 

Cuando has conseguido establecer un negocio y que funcione medianamente, con el trabajo y el esfuerzo que cuesta, toda la alegría de haber tenido el valor y el empuje de ponerlo en marcha se esfuma.

Tienes un estado de constante preocupación porque nunca estás seguro de ganar lo suficiente, y cuando lo ganas, si serás capaz de guardar para las vacas flacas, y cuando has tenido una buena racha, no la disfrutas pensando cuánto durará.

 

Conozco a una estupenda encargada de una peluquería grande que me llamó la atención lo bien que la llevaba, tanto la clientela como al equipo de trabajo, lo hacía con tanto mimo como si fuera suya.

Cuando tuve confianza le pregunté que si no había pensado montar su propio negocio y ésta fue su respuesta:

“Ya lo tuve, y lo dejé porque no dormía cada mes a ver si iba ser capaz de pagar a la gente, a los proveedores, si no iba a ocurrir alguna catástrofe, porque lo de los números no es lo mío. Ahora estoy tranquila, cobro mi sueldo, con eso me arreglo y no me complico la vida.” Fin de la historia.

 

4. Si buscas encontrarás tu solución.

No me resignaba a que no hubiera remedio, no hay cosa peor que te digan como consuelo “no te preocupes, de eso no se muere nadie”. Ya, pero te pasas la vida agonizando.

Ya con 23 años busqué por todos lados (hasta debajo de las piedras) quien pudiera darme una solución algo más curativa. Ya por entonces sólo me valían las cortisonas y ya me estaba empezando a acostumbrar, primer paso para que no te hagan nada.

 

Me recomendaron un médico que había estudiado en Alemania terapias alternativas, y que había tenido éxito en otros casos parecidos al mío, consiguiendo incluso que se curasen.

Ver para creer, allá que fui. Este señor trabajaba por terapias. Esto quiere decir que no cobraba por consulta, sino que cada vez que ibas, te aplicaba uno o varios tratamientos y cada uno tenía su precio.

 

Lo primero que te hacía era que aprendieras a observar cómo te encontrabas:

* Donde dolía, en qué articulaciones, a qué horas, nada más levantarse, al hacer algún esfuerzo, con motivo, sin él, al final del día.

*Intensidad y cualidad del dolor (quemante, punzante, profundo, superficial, localizado, generalizado, prolongado, ocasional, soportable, para tumbarse, insoportable)

* Variaciones en el peso, horas de toma de la medicación, hábitos de sueño, cualidad del descanso.

* Y luego, tras los tratamientos, ser capaz de ver qué había mejorado, por supuesto con todo lujo de detalles.

 

Esto tenía varios efectos:

a) El primero, al tratarse de una enfermedad dolorosa, salir de uno mismo y tener que observar el dolor como algo que le pasa a otro para “informar”, te aparta de la tentación de las quejas.

b) El segundo, que cuanto más capaz eres de ver lo que te sienta mejor, más fácil es ajustar el tratamiento y tiene efectos más rápidos.

Y ¿me curó? Sí, lo consiguió, con mi colaboración incondicional, por supuesto.

 

Aunque te pongas en manos del mejor consultor del mundo, el mayor experto en tu negocio eres tú y siempre lo serás. Fuera quejas y pasa a la acción.

Busca quien te ayude, tenga experiencia en tu problema y te comprenda bien. Pon en marcha los consejos que te de, aprende a observar e implementar, entiende el porqué unas cosas funcionan y otras no. Aprende a detectar los elementos de riesgo. Conócete.

Y podrás superar la situación. Por supuesto, poniendo todo de tu parte.

 

5. Nuevos hábitos y buenas costumbres.

 

Pero aún falta lo mejor. Además de curarme, me enseñó una serie de hábitos de posturas, movimientos y descanso que luego me han servido para tener muchos años de buena salud.

No voy a decir que no me haya vuelto a doler nada, tuve que dejar los tacones para las fotos de las revistas, hacer rehabilitación, aprender hasta dónde podía llegar y los indicios de una posible recaída. Poner atención, sin obsesión.

 

Aprendiendo a gestionar bien tus finanzas, podrás tener baches, y con lo que ya sabes superarlos, y pero sobre todo confiarás en ti mismo para detectar los posibles problemas y solucionarlos y disfrutar de verdad de lo que sabes y quieres hacer.

Las buenas costumbres adquiridas te servirán de prevención y cuando vengan los altibajos, que siempre vienen, estarás preparado para hacerles frente.

 

En resumen, cuando uno es joven y rebosante de salud, piensas que puedes con todo, en aquel momento yo estudiaba y trabajaba y … lo que hiciera falta.

Cuanto te va bien el negocio, y el dinero todavía no da guerra, no se aprecia, ni se controla lo suficiente, sobre todo cuando no se tiene demasiada experiencia.

Como todo lo que sube baja, cuando estés de bajada, busca lo antes posible soluciones para enderezar lo que se ha torcido, y además aprende para el futuro, la vida de un negocio, y la de cualquiera, está llena de desafíos.

El problema de la gestión financiera del negocio es que si no funciona se acabó, y es una pena que tantas buenas ideas y tantas ilusiones no salgan adelante, cuando muchas veces los problemas no son tan insuperables como pueden parecer.

 

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