En la revista SEMANA del mes pasado se publicó que el 16 de febrero Julián Contreras, más conocido por haber sido el marido de Carmen Ordoñez, evitaba in extremis el desahucio de su vivienda y de la de su hijo, que se llama como él. Insisten en vivir cada uno en una casa contigua, eso sí pagando 1.500 euros por cada una, por una cuestión de privacidad.

Según dicha fuente, debían por ese concepto 27.474,87 euros.

 

COMO LLEGARON A ESTA SITUACIÓN

 

Julián Contreras hijo puso en marcha el restaurante Pura Gula, como franquicia que aún no tenía establecimiento en Madrid, un concepto que ya tenía varias enseñas en marcha . El restaurante abrió sus puertas el 25 de Julio de 2013, cerrando en diciembre de 2014, “porque iba mal y no producía ingresos”.

 

Habla Julián padre:
“No disponíamos de financiación para emprendedores y Julián (hijo) me dijo “Vamos a tirar de patrimonio papá”. Le dije, “lo que haga falta hijo”.

“Podíamos haber estado en casa tranquilamente, viéndolas venir, yo tenía mis propiedades… Pero invertimos 200.000 euros en un negocio de gran envergadura en el peor momento de la crisis económica. Las condiciones eran muy exigentes, costaba mucho montarlo y lo hicimos con medios propios, nos faltó colchón y el primer año ha sido tremendo“.

Igual fue culpa mía por no aconsejar a mi hijo hacer algo más pequeño y tener siempre un remanente que nos amparase. Pero tengo como él ese punto de valentía y en vez de estar metiendo quince mil euritos aquí o siete mil allí o haciendo participaciones con otros socios como hasta entonces, pero nunca como empresarios nosotros. … Nos lanzamos y la cosa salió mal”.

 

Preguntado Julián hijo sobre la situación, si pensaba que había sido un fallo de cálculo de su padre:

 

“Debo aclarar que la cosa no acababa de levantar, los gastos eran inasumibles y aquello ocurría a espaldas de él, porque yo llevaba la gestión y le maquillé la situación pensando que remontaría. Mi padre no era consciente de la realidad ni entonces, ni en el desahucio que conoció hace dos días. Se fía y delega mucho en mí, algo que espero que no cambie en el futuro y yo le engañé queriéndole evitarle preocupaciones y disgustos.”.

 

Julián padre ¿cuándo se dio cuenta de que había problemas?

 

“Cuando en agosto cerramos un mes porque no podíamos con los gastos, tuve ingresos de otro negocio y volvimos a meterlos en el restaurante, porque confiábamos en su viabilidad, hasta que llegó un momento en el que nos asfixiamos.”

Insiste en que no es una deshonra y que tanto él como su hijo han estado en el negocio y atendido a la gente.

Le sabe mal por su hijo, que se dice “le quito a mi padre lo que tiene para montar esto y sale mal”. Ese dolor de su hijo le afecta más que el suyo propio.

Resumiendo: “Queriendo construir, invirtiendo tus ilusiones, tus emociones y tu dinero, te quedes, no en nada, sino en menos nada”.

 

¿De haber tenido conocimiento de lo que pasaba, habrías cerrado antes?
Sí, en vez de dar la última inyección, porque mis años me hubieran aconsejado parar. Mi hijo opinó de otra manera, y como ha salido mal vienen las lamentaciones, pero podría haber salido bien.

 

Su hijo ya ha escrito tres libros, colaboraciones de televisión, ha sido intermediario en negocios, y quería darle estabilidad a su vida con un negocio “importante”.

 

Y AHORA QUE OCURRE ¿cómo ves el futuro? Habla Julián hijo:

 

Esto no ha salido bien y nos ha llevado a una posición muy mala.

Tengo muchas dificultades económicas, deudas y unas perspectivas de futuro y presente muy inciertas. Es duro porque no llevo una vida de despilfarros ni gastos lujosos.

Pero, no hay una sola lista de morosos en la que yo no esté, no puedo contratar ni una línea de teléfono, porque cuando entras en esas listas por poco o mucho que debas, todo se va cerrando sobre ti, la propia situación negativa y de necesidad te va estrangulando.

No puedo pedir ningún préstamo, no tengo acceso prácticamente a nada. Deudas, embargos, listas de morosos, todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. El teléfono no para de sonar, la gente que llama hace su trabajo.”.

 

Un año de engaños.

 

“Justificaba un corte de luz diciendo que era una avería, un error de factura devuelta en una reclamación de pago”

“Intentaba tirar de una persona o de otra, hasta que se hace insostenible, hay que cerrar el restaurante y nos vemos en las puertas del desahucio. Lo más sensato hubiera sido decir esto ha fracasado y no seguir por la pendiente”.

“Mi padre no me iba a auditar a mí …. y eso era de lo que yo me servía para continuar”.
“Teníamos una vinculación especial, emocional con el restaurante que construimos y vimos nacer y te cuesta apagar la luz, no te quieres convencer aunque lo estás viendo todo mal, esperas a que cambie mañana, pasado mañana ….

 

LA CRUDA REALIDAD

 

Si cualquier socio le hubiera pedido invertir todo lo que tiene, le hubiera dicho que no.

Si se hubiera informado un poco más, se habría quedado con algo de “colchón”, como él mismo dice, eso como mínimo.

Por supuesto, hubiera insistido en conocer la marcha del negocio y haber dado su opinión, además de haber trabajado en el mismo de gratis como ya hizo.

 

Se dejó llevar por la confianza en su hijo, que sería muy buen chico, pero de negocios no tenía ni idea, y lo que sí, mucha más inconsciencia que él, que hubiera parado si hubiera podido o al menos es lo que dice.

Pero, qué curioso, que nadie es más ciego que el que no quiere ver, ¿por qué le siguió metiendo dinero? porque el único que tenía dinero era él, y quería darle satisfacción al “capricho”, perfectamente legítimo por otra parte, de su hijo de establecerse.

 

El problema es que no se le puede comprar un negocio que funcione a nadie.

 

Cuando no tienes experiencia, te da respeto arriesgar tu dinero, ya sea propio, o conseguido con dificultad con préstamos o ayudas y eso te da cautela. Cuando no lo has ganado, ni luchado para conseguirlo, es mucho más fácil hacer como “que no ha pasado nada”, en vez de tomar decisiones, que pueden ser muy duras, pero necesarias para limitar las consecuencias negativas de los errores.

 

En resumen, atención cuando mezclamos los negocios y la familia. No le haces ningún bien a un familiar poniéndoselo en “bandeja”, lo más seguro es que tenga todas las papeletas para darse un buen tortazo, y luego encima te eche la culpa a ti por tu falta de previsión.
Resulta especialmente duro decir esto en plena crisis económica, pero son muchos los padres que caen en “subvencionar” negocios a sus hijos, y aunque ya se sabe que si la familia no cree en ti no va a creer nadie, también es cierto que no les hacen ningún favor dando dinero “a fondo perdido” y sin dar cuentas de nada. Esta no es forma de mezclar la familia y los negocios.
El que recibe se acostumbra a disponer de un dinero que no es suyo, y si luego te arrepientes y no sigues “cotizando”, encima eres malo. Una cosa es apoyar y otra patrocinar. Si no lo harías con nadie de fuera, no lo hagas con los de dentro. Y no te engañes, si tú no tienes recursos y siempre has sido el proveedor no vas a tener de dónde sacarlos cuando más falta te hagan.

 

¿Y tú, qué opinas? Me interesan tus comentarios, puedes opinar aquí debajo gracias.