Fracasar es lo normal. Así, como suena. Puedes llamarle como quieras. En casi cualquier país del mundo el 75% de los negocios cierra antes de cumplir dos años. La mayoría de los que se mantienen más de cinco años en muchos casos es su segundo o tercer intento.

 

Claro, nadie nace enseñado, ya es complicado saber de lo tuyo, así que reunir las habilidades y recursos necesarios para acertar no es tarea fácil, y ya no hablo de hacerlo a la primera.

 

El interesante Informe GEM (Global Entrepeneurship Monitor) España 2014″, patrocinado por Santander Universidades y Fundación Rafael del Pino, sobre el emprendimiento en España, publicado a principios de este año, expone las siguientes conclusiones sobre la evolución de los nuevos negocios:

 

Sobre los motivos para emprender:

 

El 66,05% correspondió a emprendedores por oportunidad, explotar una idea de negocio, mientras que el 29,24% fue por necesidad, siendo el resto por otros motivos.

 

El impacto de la crisis se nota en que en 2009, el motivo de necesidad era de aproximadamente el 15% del total, como puede verse ha subido casi al doble.

 

Se subraya como posible falta de competitividad y duración estimada de la empresa (menos de cinco años), que sean personas desempleadas o con serias dificultades para incorporarse al mercado laboral las que la promuevan.

 

Uno de los motivos es la propensión a abandonar en cuanto encuentran un trabajo remunerado por cuenta ajena.

 

Sobre la calidad de las nuevas empresas:

 

Este es el perfil de los nuevos negocios creados en España en 2014:

 

• La edad media de los nuevos emprendedores es de 40 años. Por tramos de edad el 31,2% del total tenía entre 35-44 años. Seis de cada diez son hombres, si bien se va reduciendo la brecha de género.

 

• Es un negocio de pequeño tamaño, de 1-3 empleados máximo.

 

• Que presta servicios principalmente a consumidores locales y carece de una aspiración firme para crecer.

 

Siete de cada diez nuevas empresas se concentran en el sector de servicios.

 

Cinco de cada diez nuevos negocios pertenecen a auto-empleados (que no emplean a más personas),

 

Seis de cada diez no tienen ninguna orientación innovadora, y

 

• Siete de cada diez manifiestan no tener vocación internacional durante sus primeros 3-4 años de existencia por lo menos.

 

 

Estas conclusiones dibujan un panorama en el que los negocios que arrancan tienen recursos escasos y por lo tanto necesitan absolutamente optimizar su funcionamiento para tener futuro.

 

Más vale prevenir que curar. 

 

Leticia Gasca, periodista mexicana de economía, junto con el Instituto del Fracaso, ha publicado este año el libro Sobrevivir al fracaso.

 

Es la promotora del Movimiento mundial Fuckup Nights, nacido en 2012, donde personas de todos los perfiles participan convencidas de la necesidad de aprender a hacer las cosas mejor a partir de las experiencias de fracaso, que son, además mucho más comunes que las de éxito

 

En dicho libro aparecen las conclusiones del estudio que realizó con la colaboración de EGADE Business School, con encuestas a 409 personas cuyo negocio fracasó en México.

 

Dicho estudio se realizó para orientar a los que tienen un negocio, a los que quieren tenerlo, a los que lo quieren volver a intentar, así como para los inversores en las empresas.

 

Y estas son sus conclusiones:

 

Las causas más comunes de fracaso son cinco:

 

1. Ingresos insuficientes. 

 

El 65% de los encuestados indicó que el negocio no les dejaba bastante dinero para mantener su nivel de vida. Estimaban que en seis o siete meses podrían tener un sueldo.

 

Si se supera este periodo sin suficientes ingresos es forzoso abandonar el proyecto. Hay que buscar de nuevo un empleo puesto que hay que comer.

 

Para prevenir:

 

• Estimar cuánto nos cuesta “levantar la persiana”. Los gastos que tienes sí o sí, aunque no vendas nada.

 

• Saber cuál es el punto de equilibrio a partir del cual empiezas a ganar dinero.

 

• Estimar los ingresos y gastos de los dos primeros años.

 

• Y hacerlo con escenarios no sólo “realistas” sino también pesimistas.

 

 

Dentro de esta causa, también está incluido el manejo poco eficiente de la tesorería.
Es necesario asegurar un flujo de caja continuo y suficiente, para lo que hay que conocer los periodos de cobro y pago y ajustar las posibles necesidades con clientes, proveedores, inversores y bancos si se necesita.

 

Para prevenir:

 

• Calcular cuánto hace falta para sostener la caja del negocio durante seis meses, cuando aún no se puede mantener a sí mismo. Tener previsto de dónde va a salir ese dinero.

 

• Tener suficiente dinero ahorrado para sobrevivir en tu economía personal y familiar al menos un año, idealmente hasta que el negocio de para ganarme una nómina. Calcular en cuánto tiempo es razonable que ocurra.

 

 

2. Falta de indicadores.

 

Para saber por dónde vas necesitas un mapa. Tienes que saber dónde fijarte para poder hacer correcciones en tu viaje. Para ello necesitas un Cuadro de Control, donde tengas a mano los valores críticos a vigilar.

 

Sino irás a ciegas y la administración no puede ser buena porque no sabes adónde vas. No llevas orden en la gestión ni en el dinero, aparecen tentaciones de mezclar tus finanzas de casa con las del negocio.

 

Problemas que se presentan: dinero ilocalizable, cuentas sin cobrar, inventarios mal llevados, posibles problemas legales.

 

Para prevenir:

 

– Por su propia naturaleza las áreas a controlar de forma medible son:

  •  La financiera.
  •  Los procesos de fabricación.
  •  Los inventarios tanto para fábrica como para venta.
  •  El marketing.
  •  Las ventas.

 

– Poner en marcha sistemas de información para tenerla disponible cuando la vas a necesitar.

 

-Marcarte cifras de alarma si no alcanzas ciertos importes. Descubiertos en cuentas bancarias. Falta de existencias. Ventas insuficientes.

 

 

  3. Falta de procesos de análisis.

 

Básicamente, no tener un modelo de negocio.

 

Si no sabes cuál es tu propuesta de valor al mercado no puedes juzgar cuál es tu posición, cómo está evolucionando, o qué acciones tendrías que llevar a cabo para situarte mejor. Tienes que estar actualizado acerca de las tendencias de tu sector, incluso la mejor idea no puede permanecer estática.

 

En un primer momento, el típico plan de negocio completamente armado puede ser ciencia ficción, pero el trabajo necesario para pensar qué se está haciendo es muy beneficioso para tener estrategia y perspectiva.

 

Para prevenir:

 

  • Modelos de reflexión como el Canvas y Lean Startup, son muy apropiados para obtener perspectiva sobre las posibilidades del negocio.

 

  • No arrancar un negocio sin un test suficiente de que está satisfaciendo una necesidad real de los consumidores. De otra manera inicias una actividad que no le interesa a nadie, y que morirá siendo sólo un hobby caro.

 

 

4. Planificación deficiente.

 

Cuando pones en marcha un negocio no hay que suponer nada.

 

Esto implica una labor previa de investigación, sobre cómo hacen las cosas los demás, preguntar costes, plazos, y todo lo que te haga falta saber, directamente en las fuentes, de primera mano.

 

El exceso de optimismo se paga caro. Lo normal es sobreestimar los ingresos, y no tener en cuenta todos los gastos que van a ser necesarios para conseguirlos, que luego se presentan como una dolorosa sorpresa.

 

Tener identificados los principales riesgos de tu mercado también te ayudará a tomar medidas si fuera necesario.

 

Para prevenir:

 

  • De nuevo la técnica de los escenarios, con proyecciones financieras que vas actualizando según vas contrastando con la realidad.

 

  • Cuando empiezas a disponer de datos reales, entonces tendrá sentido proyectar a dos, tres y cinco años, porque te ayudará a tomar decisiones.

 

  • Pide ayuda, sobre todo si no te sientes muy seguro en el tema financiero. La soledad de decisión del emprendedor te puede jugar malas pasadas y que no te des cuenta hasta que es demasiado tarde.

 

  •  Desarrolla ideas claras de dónde quieres llevar tu negocio y cómo conseguirlo, medios técnicos, humanos y materiales necesarios.

 

 

5. Problemas en la ejecución. 

 

Es la más difícil de prevenir. Buenas ideas las tiene cualquiera, todo está en la ejecución, en el día a día del negocio. La ejecución hace toda la diferencia entre el éxito y el fracaso.

 

Igual que conducir un coche se aprende haciéndolo, y por mucho que te hayas examinado del teórico no has avanzado un paso, la única forma de aprender a ejecutar proyectos es haciéndolos.

 

Por eso, aunque no es imposible, si es mucho más difícil para un emprendedor novato, sacar adelante una empresa si no ha trabajado antes para otros, y ha tenido la oportunidad de aprender cómo se hacen las cosas.

 

Incluso para el que ya sabe desarrollar la actividad a la que te quieras dedicar, necesitas otra serie de habilidades diferente para gestionar el negocio.

 

Una de las más importantes es saber que no lo puedes hacer todo tú solo. Primero porque aunque supieras de todo, no te daría tiempo material, algo importante se te podría escapar. Segundo, porque en cuanto coja algo de volumen, si no delegas no llegarás a todo tampoco.

 

Vamos, que quien mucho abarca, poco aprieta.

 

Se puede delegar en empleados, o en freelancers o trabajadores externos, que complementen las cosas que no te gustan, que no se te dan demasiado bien y por tanto te llevan demasiado tiempo, o simplemente que no te quieres ocupar porque vas a dedicarte al corazón de tu negocio.

 

Para prevenir:

 

  •  Determinar actividades esenciales para cumplir las prioridades del negocio.

 

  • Ver si el tiempo que se les dedica está de acuerdo con su importancia.

 

  •  Reordenar los tiempos que se dedican según la información anterior.

 

  •  Superar el miedo a delegar y a los errores. Con colaboración el proyecto tiene más probabilidades de éxito que si intentas hacerlo todo tú solo.

 

  •  Trabajar en desarrollar habilidades de liderazgo y comunicación, muy útiles tanto si buscas colaboradores externos como empleados.

 

  • Cualquier conocimiento que puedas adquirir sobre project finance te vendrá muy bien.

 

 

 

En resumen, con lo que cuesta, en dinero, tiempo y esfuerzo personal poner en marcha un negocio, merece la pena prevenir en todo lo que esté a tu alcance las posibles causas de fracaso.

 

Aunque se suele decir que no se escarmienta en cabeza ajena, sí resulta de provecho ver dónde otros encontraron la piedra, y al menos la misma, evitarla en lo posible.

 

Está demostrado que se aprende más de observar los errores, que de intentar imitar los aciertos. Se fundamenta en la aversión al riesgo, que en este caso la verdad es que me parece bastante positiva.

 

Para prevenir es fundamental:

 

  • Que el negocio tenga sentido, cubra una necesidad y haya mercado y un modelo de ingresos

 

  • Que se hagan las cuentas previas, aunque sean las de “la vieja”, papel y lápiz, para saber si tiene posibilidades de ser rentable y mantenerse por sí mismo.

 

  • Es un disparate demasiado frecuente, gastar una indemnización de paro en poner un negocio y que luego no funcione porque no se ha previsto ni lo más elemental.

 

  • Que el emprendedor busque ayuda cuando no tenga claro hacia dónde va, o en qué situación se encuentra antes de que sea demasiado tarde para poderlo arreglar.

 

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