Un producto financiero “estrella” en el firmamento de las finanzas personales actuales es la reunificación ó refinanciación de deudas. Su atractivo consiste en una importante rebaja de los pagos mensuales, “desahogando” así la economía doméstica. Pero, adelante, veamos gráficamente el desarrollo de esta historia.

Pedro y Laura tienen unos ingresos conjuntos de 3.000 euros al mes. Tienen 900 euros de hipoteca, y 300 de coche. También utilizan una tarjeta de crédito aplazada cada uno, haciendo un total de 3.000 euros entre los dos. Cada tarjeta supone un pago mensual de 200 euros. Una vez descontadas todas estas deudas, la renta disponible es del 47% de lo que ingresan.

De ese 47% y una vez pagados gastos fijos (agua, luz, gas, teléfono, gastos de comunidad, calefacción), que siendo conservadores tasaremos en otros 350 euros, les quedan disponibles para vivir 1.050 euros al mes.

Es en este momento, ya bastante apretados, pero lejos aún de impagar sus obligaciones, cuando “alguien” les ofrece la mágica solución: “Si tenéis piso, podéis refinanciar vuestras deudas.” El acento se pone en que de repente, pasan de pagar 1.600 euros al mes a pagar 750. “Tomar esta decisión es como que te vuelven a subir el sueldo ….”. Ahí queda eso.

Ahora veremos en qué se están metiendo:

Su hipoteca de 25 años ya va por la mitad y sólo le quedan 13, su precio se contrató a Euribor+1,5 (actualmente el 2,05%) y la deuda que tiene pendiente es de 123.500 euros.

La financiación del coche fue de 15.900 euros. El coche lleva dos años de los cinco a los que se financió. La financiera lo contrató a un 5% fijo. En la actualidad queda un pendiente de 10.000 euros.

Lo de las tarjetas es otra historia, como ya comentamos en el post anterior sobre las tarjetas de crédito , la deuda está consolidada y no baja mes a mes a menos que dejen de utilizarlas. La deuda total actual es de 3.000 euros. Aunque no mejoren en el tema de las tarjetas, dentro de tres años bajará su cuota mensual 300 euros y estarán en mejor posición para liquidarla.

¿Qué se está planteando exactamente?

La refinanciación consiste en hacer una nueva hipoteca sobre la vivienda incluyendo en la misma todas las deudas a corto plazo. Como es para refinanciar deudas se hace una nueva operación en su totalidad, o sea que se cancela la anterior y se hace otra por el nuevo importe.

Importe: 140.500. Cómo se calcula el mismo:  Pago pendiente de la hipoteca actual 123.500 + pago pendiente del coche 10.000  + pago pendiente tarjetas 3.000 euros , total: 136.500 euros que es lo que debíamos hasta ahora.

A lo que habrá que añadir no menos de 4.000 euros de gastos (impuestos + notaría + registro+ comisión de apertura de 500 por lo menos). Estoy siendo comedida en cuanto a gastos ya que no supongo siquiera la comisión que puede llevarse el intermediario (no el banco) por inducirte a realizar esta “ventajosa” operación, que puede oscilar entre el 1 y el 3% del capital de la operación por lo menos.

En resumen: Hipoteca de 140.500 euros, contratada a 25 años, con un nuevo precio actualizado de Euribor + 3,5% (4,05%). Cuota mensual de amortización 750 euros.

Dónde están las diferencias:

Hipoteca: 123.500 euros de capital + 17.291 de intereses.
Coche: 10.000 euros de capital + 789,52 de intereses.
Tarjetas: 3.000 euros de capital  + un estimado de 3 años de intereses de 1.800 euros.

Total deuda actual: 136.500 COSTE TOTAL INTERESES ACTUAL: 18.260 EUROS. TÉRMINO 13 AÑOS.

Nueva deuda:

Hipoteca: 140.500 euros. NUEVO TOTAL DE INTERESES: 83.148,54 EUROS. TERMINO 25 AÑOS.

O sea, un pan como unas tortas, que se diría castizamente.

El siguiente riesgo que corren nuestros protagonistas es el de sentirse nuevamente tan “desahogados” que empiecen a contraer nuevas deudas a corto plazo. Esta “estupenda” operación no se puede repetir de nuevo con la facilidad de una tarjeta de crédito y probablemente puedan llegar a poner en peligro su vivienda.

En conclusión, no hay atajos para superar ordenadamente una situación financiera que puede complicarse, es como tomarse un tranquilizante para salir a hablar en público, te tranquiliza sí, pero también te deja atontado y sin reflejos. Aplicar el sentido común y aprender de la experiencia, si uno se siente agobiado, ya sabe lo que no tiene que hacer para que no se repita nunca más. ¿Conoces algún caso parecido? ¿y tú que opinas?