Entre tal cantidad de información que llega a ser tóxica, destacan ciertas tácticas que no por sabidas o repetidas por unos y otros dejan de funcionar, es más, son muy efectivas.

 

La venta por Internet es uno de esos territorios que por un lado sugiere tesoros sin fin, y por otra el tener que atravesar al menos un desierto o dos para conseguirlos.

 

Y, ¿qué es lo que te impide poner en marcha lo que está probado que funciona? para variar, no es una cuestión de dinero, ni de problemas técnicos, sino de autorrestricción personal. Las barreras te las pones tú solo.

Da miedo, no te atreves a cruzar el puente a un país desconocido, donde las normas y los lenguajes a los que estás habituado no tienen el mismo significado. Te sientes expuesto, y te faltan las “normas” correctas de comportamiento, las antiguas reglas de urbanidad, pero en la web.

 

Y para esto da igual que hayas vendido personalmente durante años, la esencia es la misma, pero la forma es distinta.

 

Te ves igual de paralizado que cuando empezaste a vender y no rematabas la faena por no explicar bien tu producto, por no entender bien qué quería el cliente, o por no ser lo bastante insistente a la hora de concretar.

 

Y tener miedo a que te dijera que no.

¿A qué acciones me refiero?

 

1. Poner tu foto profesional, mirando a la cámara, nada de mirando al cielo, al mar, a …. hacer un vídeo de presentación, qué miedo. Este es uno de los miedos más comunes, gente muy comprometida con su negocio, y con ganas de progresar, se tira hasta un año y más para “verse capaz” de poner una fotografía realmente profesional, y ya no te digo hacer un vídeo saliendo “en persona”.

 

Se tira en su lugar de fotos “bonitas” de guapos y guapas modelos que transmiten, como poco, una sensación de lejanía y de estandarización hacia el negocio que lo hace.

 

2. Contar algo de tu vida que no fuera un storytelling marketiniano, ya está bien de cuenta cuentos. Autenticidad, por favor. Es que hay cada autobiografía por ahí, que es digna de la mismísima Caperucita.

 

De no decir nada, a presentar anécdotas tan bien trabadas que parece que las ha hecho el guionista de Steve Jobs en la presentación de Apple. En esto, como en otras cosas, lo mejor es enemigo de lo bueno.

 

3. Facilitar un teléfono de contacto, en un lugar bien visible. No, no va a pasar nada, no va a empezar a sonar sin parar si lo haces. ¿Qué es lo peor que podría ocurrir? ¿qué te llamaran un montón de clientes? Menudo problema.

 

Hay muchos posibles interesados en tus servicios que prefieren llamar y ver que hay alguien al otro lado y lo hacen sin complicados procesos de marketing porque quieren saber más sin correos ni historias.

 

Incluso les espanta el método de “escríbeme un correo de contacto y ya te cuento”, no eres el único que quiere resolver sus temas cuanto antes.

 

4. Perder el miedo a probar, tanto en redes sociales, como en técnicas de email, lo más que puede pasar es que no funcione, se va cambiando y ya está. Lo que está vivo evoluciona de manera constante. No es necesario que sea perfecto, es más, no puede serlo desde el principio.

 

Pero date cuenta que a lo mejor en el Facebook andas desatado y luego para tu negocio todo son vergüenzas.

 

Un poco del espontáneo puede beneficiar mucho a la imagen de cercanía de tu actividad, siempre que te sientas cómodo y sin forzar.

 

5. Reconocer la importancia de medir. Aquí yo soy la primera que patino. Lo de experimentar me parece precioso, pero luego lo de medir el éxito, me da una pereza importante. Y, aunque lo repitan una y mil veces los profesionales del asunto, en esto tienen razón.

 

¿Cómo vas a progresar y hacerlo mejor, sin saber qué es lo que te ha funcionado bien? En fin, la información es el cimiento de la acción. A por ello.

 

5. Contestar los comentarios. No es un marrón salvo para las superstars. El día a día te come y te ahoga, pero el comentarista de hoy es el cliente del mañana, y como mínimo es un fan que se merece tu cariño. La última moda es eliminarlos y sustituirlos por comunidades donde el valor añadido es bien poco.

 

6. Aprender a relacionarte con personas que no conoces de nada. Aproximarte con educación, y al mismo tiempo respetando la necesidad de tener precaución que tiene quien te contacta en internet.

 

A conseguir cierto grado de confianza te ayudan todas las acciones anteriores, ya que el vendedor presencial tiene más fácil establecer una relación personal.

 

Hay que aprender que el apretón de manos, el agradable buenos días y qué puedo hacer por ti, tienen que ser transmitidos en diferido y aún así conseguir que funcionen.

 

¿Te da miedo vender en directo? Hay quien tiene miedo escénico, pero tiene el mismo miedo con el cliente delante que en pantalla, no es una fobia respecto al medio, sino a su fin.

 

La venta por internet tiene además unas características peculiares:

 

a) Dificultad para poner el precio a los productos y servicios hasta que se tiene cierta experiencia, claro está a riesgo de ponerlos demasiado bajos. Si tu producto necesita porte, ajustar este coste y hasta dónde vas a repercutirlo en el cliente.

 

b) Se trata de que el cliente repita, conseguir una relación a largo plazo para que el negocio prospere. Aquí está fuera de lugar el conseguir el click de cualquier manera y como ya picaste, si te he visto no me acuerdo. Eso es pan para hoy y hambre para mañana.

 

c) Hasta que lo ajustes, necesita especial esmero la posventa y atención al cliente con cualquier dificultad. El poco conocimiento genera desconfianza por ambas partes.

 

También tú como vendedor estás en tu derecho de establecer hasta dónde llegas con tus garantías y las condiciones que pones para facilitarlas.

 

d) Igual que alguien puede salir de tu tienda dando un portazo, también existen las filias y fobias online. Y eso está bien, no se puede ser todo para todos. Hay que afrontar las críticas con madurez y como una oportunidad para mejorar.

 

Puede haber alguien deseando comprar lo que ofreces y estrellarse con un procedimiento que no funciona bien la mitad de las veces, es imprescindible comprobar qué es lo que ocurre.

 

 

En resumen, el poner en marcha ciertas técnicas de venta que funcionan especialmente bien en los negocios por Internet, supone un grado de exposición personal, tanto gráfica, como de historia personal, como de interacción en redes y comunicación, que no estás dispuesto a asumir de buenas a primeras.

 

No estás solo, cada nueva hornada de nuevos emprendedores pasa por la misma travesía en el desierto, valorando si es “de verdad” conveniente hacer según qué cosas, y muchas veces perdiendo un tiempo precioso en decidirse a experimentar con ellas.

 

Para saber si realmente te merece la pena, medita cuáles son los objetivos de tu presencia en la Red, y qué es lo que quieres realmente conseguir. Si es solamente una tarjeta de visita, más o menos “moderna” y bonita, no hay problema.

 

Pero si de verdad quieres tener un canal de venta por Internet, y que funcione, ya sea principal, o complemento de tu negocio presencial, tendrás que valorar si vas a hacer lo que funciona para vender en Internet si te atrevieras a hacerlo.

 

Y tú ¿qué opinas? ¿qué experiencias has tenido en Internet? Puedes dejarme tus comentarios a continuación y si te gustó te doy las gracias por compartir.