¿Sabes usar la cuenta de crédito?

Coaching Financiero Para Emprendedores

¿Sabes usar la cuenta de crédito?

Si existe un producto bancario indispensable para la buena organización de un negocio, ése es la cuenta de crédito. También hay pocos más injustamente denostados, precisamente por lo difícil que resulta respetar sus normas de uso.

¿Qué tiene de especial la cuenta de crédito?

Es un instrumento apropiado para gestionar la tesorería de forma que nunca te quedes “corto” entre cobros y pagos. Sabes que tus cobros son irregulares, pero hasta cierto punto previsibles en fecha. En cuanto a los pagos que tienes que realizar, conoces con toda claridad sus vencimientos y sus importes. Si por ejemplo, cobras a 60-90 días y tienes que pagar la mayoría de tus gastos a 30 días, te surgirán momentos en los que precisas “ajustar”.

También podrías hacerlo con tu propio dinero, en el caso de tener efectivo a tu disposición reservado a tal fin. Sin embargo lo más frecuente es recurrir a la cuenta de crédito, y si te sobra tesorería tenerla rentabilizada en activos financieros a corto plazo.

La característica más interesante de una cuenta de crédito, que hace que su utilización correcta sea tan difícil es que teniendo una cantidad total para disponer o “límite”, puedes disponer únicamente lo que necesites y volver a ingresar para dejarla de nuevo a cero como antes del desfase, y tener la posibilidad de hacerlo una y otra vez. El interés que se te cobrará será el pactado previamente y solamente por la cantidad que hayas utilizado.

Podemos asimilar su funcionamiento al de otro conocidísimo producto bancario, que en este caso sería la tarjeta de crédito.

Si la tarjeta de crédito la usamos en la medida que necesitas y la pagas en el mes, dejándola de nuevo a cero, no ocasiona ningún problema especial. Si en cambio, aplazamos los pagos, acabamos disponiendo de todo el límite y viéndonos con una deuda que al principio no tenemos.

En el caso de la cuenta de crédito, la no reposición sistemática de las cantidades dispuestas, te lleva a ir gastando el límite concedido en su totalidad hasta que se agota, momento en el cual te encuentras con una nueva deuda, que antes no tenías, y sin poder cubrir los desfases de tesorería.

Pero en este caso, a diferencia de la tarjeta, que se va renovando mes a mes, aunque no consigas reducirla y mantengas pagos mínimos, sí tenemos vencimiento explícito. La cuenta de crédito es una operación a corto plazo, que tiene un periodo temporal en vigor habitualmente de un año. Incluso puede ser de menos tiempo, cuando se concede “a prueba” puede ser incluso de seis meses.

Una vez terminado el periodo pueden pasar dos cosas, que se renueve (o sea, que te la vuelvan a dar), o que no se prorrogue. En este último caso, tienes que abonar la totalidad del dinero que has dispuesto.

Si esto llega a ocurrir, lógicamente puede pasar que no tengas disponible dicha cantidad, y para poder cobrar te la “convierten” en préstamo, renovándola como “cuenta de crédito con reducciones de límite”, te comprometes a pagar en ciertos plazos, y una vez pagada no puedes volverla a utilizar, de facto es como un préstamo, que se va amortizando y disminuyendo la cantidad debida. Este banco te “cerrará el grifo” para los restos.

¿Cómo se llega a esta situación?

En primer lugar, por quedarte corto a la hora de solicitar el importe que consideras necesario. Como es natural, y en principio parece lógico, quieres pedir lo menos posible, para pagar menos intereses por una parte, y por otra facilitar su concesión.

Ajustar demasiado es un error porque nos podemos encontrar con que nos quedamos “cortos” con lo que necesitamos, con lo cual no sirve para cubrir los desfases en su totalidad y nos podemos encontrar con los descubiertos en cuenta corriente que queríamos evitar.

No es como un préstamo, si lo necesitas dispones y pagas interés, si no lo necesitas te cobran una comisión sobre el importe no utilizado, cantidad que no suele ser importante y desde luego para nada equiparable con los intereses. Lo más recomendable es que utilizando la historia de la tesorería de tu negocio veas que mes has tenido obligaciones más altas, y sobre ese importe excedas al menos el 10%.

Si te conceden una cuenta de crédito, y sistemáticamente está utilizada en más de un 90% puede ser también porque tu negocio vaya bien y necesites más financiación. En este caso, la mejor decisión es la de diversificar tus proveedores de dinero, que no otra cosa son los bancos.

Al pedir una cuenta de crédito en otro banco tienes varias ventajas, ya no dependes de una sola entidad, y además ambos están más tranquilos porque el otro se “fía” de ti. En cuestión de bancos la confianza tiene un precio, y eso se puede reflejar también en el tipo de interés de las nuevas renegociaciones.

La mejor jugada en cuanto a tu gestión de la tesorería es combinar tu cuenta corriente con la cuenta de crédito, y junto con la gestión de tus cobros y pagos, de los impuestos y otros servicios negociar como un “paquete” global la concesión de la misma. Aunque en un primer momento se conceda sólo por seis meses, es mejor pedirla desde el principio, antes que quedarse “pillado” y tener descubiertos en cuenta corriente que te generarán un mal historial de cara a pedir cualquier operación de crédito.

En resumen, la cuenta de crédito es la típica operación que hay que tener “por si acaso”, con la idea de usarla lo menos posible. Eso sí, como va a ser un paraguas, que nos tape enteros, y que un banco nos dé el paraguas y el otro el impermeable, que la competencia es muy sana para todos.

Me gustaría saber tu opinión ¿has tenido dificultades para manejar una cuenta de crédito? Si te ha gustado el artículo compártelo, muchas gracias.

About the Author:

Hola, soy Mª Angeles González, Economista y Coach Financiero. Tras 30 años de experiencia en el sector, ayudo a emprendedores a que su dinero trabaje a su favor, con un método flexible y eficaz. ¡Avanza! No es cambiar, es crecer.

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