Si te suena conocida alguna o varias de las siguientes  alertas, es el momento de tomar medidas, y aún más en estas fechas, tan propensas a los excesos, pero también a los buenos propósitos.

 

1. Desconoces a cuánto asciende el total de tus deudas.

No quieres ni ponerte con los papeles de los bancos a ver cuánto debes, ojos que no ven, corazón que no siente. No hacer frente a la realidad no significa que desaparezca, el no saber por dónde andas no te va a ayudar a resolverlo. Es una clara señal de que son demasiadas, y en el fondo lo sabes.

 

2. Debes más ahora que hace un año.

A pesar de pagar puntualmente tus compromisos, tus deudas no disminuyen. Esto sólo lo puedes saber si has superado el punto anterior. Pueden ocurrir varias cosas:

(*) Que sólo hayas pagado intereses, lo que suele pasar con los pagos aplazados de tarjeta de crédito,

(*) Que has seguido gastando igual o más a crédito o con préstamos,

(*) O también que:

 

3. Has refinanciado tus deudas,

pagando un préstamo y/o tarjeta con otro, o incluso incluyéndolos en una ampliación de hipoteca. Si tus costumbres siguen siendo las mismas, en poco tiempo volverás a estar como al principio. La deuda es solo un síntoma de que algo no va nada bien.

 

4. Recibir ingresos no te produce alegría.

Ya seas asalariado, o recibas pagos por tu trabajo de forma irregular, si cuando cobras te quedas “limpio” pagando deudas, y te disgustas porque no te queda nada para ti.  Ni  hablemos de ahorrar.

 

5. Tienes las tarjetas de crédito con pagos aplazados con la cuota mínima,

esto significa que tienes varias y además tienes establecidos los pagos más pequeños que la entidad financiera te permita. Si lo haces porque no puedes pagar más, nunca terminarás de pagar intereses.

 

 6.  Cubres necesidades básicas, como la comida, pagando con tarjeta de crédito a plazos.

No es lo mismo que si utilizas una tarjeta de crédito al contado y pagas a final de mes la totalidad de lo gastado. Estás añadiendo un coste importante de intereses a compras básicas que te salen carísimas. En caso extremo incluso pagas la cuota de una tarjeta sacando de otra.

 

7. Has llegado al límite de tus tarjetas de crédito,

y tanteas cuánto puedes gastar cada mes según lo que has ido pagando. Prácticamente has agotado el crédito disponible. Lo único que se te ocurre es pedir más tarjetas de crédito en otro sitio.

 

Y ¿COMO HAS LLEGADO A ESTA SITUACION?

 

1. No sabes en qué gastas el dinero.

Como no llevas un control del gasto, miras los ingresos que tienes y te preguntas adónde se han ido. La única forma es ir apuntando en qué te lo gastas como primer paso.

 

2. El límite de la tarjeta de crédito es un sobresueldo.

Dispones de lo que ganas y le sumas el límite de la tarjeta de crédito. Esto te empuja a gastar más de lo que ganas de forma sistemática.

La tarjeta de crédito no es más que un medio de pago y no es buena ni mala, sino el uso que hagas de ella. Si no tienes dinero no lo “crea”, siempre tendrás que pagarlo y con recargo.

 

3. La tarjeta de crédito es para emergencias.

Si haces las cosas bien, tendrás ahorros para imprevistos y no tendrás que recurrir a endeudarte a precios abusivos para hacerles frente.

 

4. Un clásico: ampliación del límite de la tarjeta de crédito, u ofrecimiento de préstamo personal en “condiciones especiales” por ser buen cliente.

Ni la ampliación del límite es una “subida de sueldo”, ni el préstamo es un regalo, ambos hay que pagarlos y si no te planteabas antes gastar más, tampoco es necesario que lo hagas solo porque te tienten a hacerlo. Si te lo ofrecen es porque eres buen pagador y además no te hace falta.

 

5. No revisar los extractos de las tarjetas.

A veces hay equivocaciones y pueden cargarte mal una compra o no anotar bien una devolución. También puede haber problemas y fraudes con los datos de las tarjetas y que te hagan cargos que no te corresponden. Si no lo controlas puedes acabar pagando encima por algo que no has gastado.

 

6. Dar tarjetas adicionales a otras personas de la familia y no controlar como las utilizan.

Tienes que educarles para su uso, y tener controlado de cuánto son los pagos.

 

7. Sacar efectivo de la tarjeta de crédito,

sólo por ello tienen una fuerte comisión, y si está aplazada le sumas los intereses. Hay quien lo hace por sistema para pagar tarjeta con tarjeta, o para pagar en establecimientos que sólo admiten efectivo.

 

Y PARA NO LLEGAR A ESTE PUNTO, ¿QUE SE PUEDE HACER?

 

1. Gasta en función de tus ingresos.

Si gastas más de lo que ganas, siempre dependerás de que alguien te lo preste por sistema. Te vuelves prisionero de tus deudas.

Si gastas todo lo que ganas, sólo hace falta un imprevisto para estropear tu situación financiera, y siempre acaba pasando “algo”.

 

2. Es absolutamente imprescindible tener un colchón para imprevistos,

entre 3 ó 6 meses de gastos, que esté siempre disponible. No utilizarlo para pagar deudas, ya que si ocurre cualquier cosa te arriesgas a no tener ni dinero ni crédito.

 

3. Si ya tienes demasiadas deudas, necesitas un plan para salir de ellas,

los pasos más importantes son los siguientes:

 

(*) Si no lo tienes ya, hacer un colchón para imprevistos, si estás muy restringido, con 1.000 euros puede ser suficiente para no tenerte que endeudar más si ocurre algún imprevisto.

 

(*) Hacer un presupuesto realista, poniendo tus prioridades y en qué te vas a gastar el dinero, vas a tener que estar a dieta de gastos para compensar durante una buena temporada si quieres reconducir la situación.

 

(*) Decidir cuánto dinero vas a dedicar a pagar las deudas lo antes posible. Si solo piensas en ir pagando lo justo para ir tirando o lo que consigas ahorrar, si es que te queda algo, es muy difícil que lo consigas.

 

(*) Priorizar las deudas en función de su coste, e ir acabando con ellas de una en una, sin caer en nuevas tentaciones.

 

 

En resumen, lo primero que te ayudará a salir de cualquiera de las situaciones de alerta es reconocer que igual que te metiste en ellas, puedes superarlas también.

Son situaciones peligrosas, en las que no es tan difícil caer por falta de conocimientos financieros y exceso de confianza.

Tú eres el responsable de conseguir solucionarlas, busca toda la información y la ayuda que necesites, y pasa a la acción.

 

No es fácil vivir libre de deudas con todas las tentaciones que nos asaltan y las facilidades que nos dan para caer en ellas. Sin embargo, cambiar de mentalidad te asegura para mañana una vida tranquila y sin preocupaciones.

 

Puedes elegir tu futuro tomando buenas decisiones en el presente, lo que tienes hoy lo fuiste cultivando mucho tiempo antes.  Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Si ganas más no es necesario que gastes más y los ahorros los guardas antes de empezar a gastar, porque luego quedar, lo que se dice quedar, no queda nada.

Y, por supuesto, ahorrar siempre para algo, para ir de vacaciones, para cambiar de coche, para estudiar, para los niños, para jubilarse y hasta para cambiar el mundo, que el dinero sólo es un medio para conseguir lo que necesitas y deseas para ti y los tuyos.

 

Y tú ¿qué opinas? Si te gustó el tema del post, te doy gracias por compartirlo.