O cómo organizar tu vida económica con ingresos irregulares, sin saber cuánto y cuándo vas a cobrar la próxima vez.

Uno de los factores decisivos para que tu nueva forma de vida como emprendedor permanezca en el tiempo es que sea sostenible, es decir, que te permita vivir como tú quieres, dedicándote a lo que te gusta y sabiendo en todo momento dónde estás y hacia dónde quieres ir en lo económico, entendido como base de todo lo demás. Si no hay soporte económico se acabó el negocio.

Cuando trabajas por cuenta ajena no te das cuenta, o simplemente te has acostumbrado a que hay una serie de cosas que hacen por ti directamente, como son:

(*) Descontarte directamente el IRPF (“la Renta”), ajustándolo para que la aportación final sea mínima.

(*) Cotizar a la Seguridad Social para tener en el futuro una pensión.

(*) Apartar un porcentaje de tus ingresos para formación obligatoria.

(*) En algunos casos, aportar a un plan de pensiones de empresa, y o seguro médico privado. Esto último suele contar como pago en especie (o sea sin dinero).

Al final, el dinero efectivo que llega a tus manos es aproximadamente un 60% del total del coste salarial total que la empresa te paga, y no llegas a ver todo lo demás.

Cuando pasas a funcionar por cuenta propia el dinero que cobras por tus servicios tiene que seguir la misma distribución, pero esta vez tendrás que ser tú mismo el que reparta, ya que el pago de impuestos es obligatorio, y si no lo satisfaces a su tiempo es de lo más problemático que te puedes encontrar (demandas, ejecuciones, embargos de cuentas).

Cuando recibes un ingreso, para ver qué haces con él, sigue la regla de tres, tienes que tener tres cuentas:

1. Primero, la cuenta de los impuestos. Habitualmente y dependiendo de tu actividad, IVA e IRPF. Aquí va directamente el porcentaje destinado a su pago, lo que hay aquí es solamente para eso, a tus efectos, como si no existiera, si luego sobra eso que te encuentras.

2. Segundo, la cuenta del negocio, da igual que seas autónomo o sociedad, aquí van los pagos a proveedores, los recibos de todo tipo, el pago de Autónomos, si lo tienes, los abonos de nómina si tienes empleados, los pagos a gestoría, alquiler si lo tienes. Si tienes cuenta de crédito, estará combinada con ésta para que nunca se quede ninguna obligación sin pagar. El tráfico de dinero de esta cuenta tiene que estar previsto, haciendo planes de tesorería por anticipado, o sea, tienes que saber con un mínimo semanal qué pagos tienes y con qué ingresos los vas a satisfacer para poder cuadrarlos y no llevarte sorpresas.

3. Tercero, tu cuenta personal. En ésta es donde tendrás tu economía doméstica, tus necesidades de alimentación, compra de vivienda, vehículo, vestimenta, ocio. También tienes que planificarla, puesto que necesitas una cantidad fija mínima para vivir y si no has ingresado en el mes en curso dicha cantidad, de algún sitio tendrá que salir.

 

Esto nos lleva a la siguiente regla de tres, cuando se depende de ingresos irregulares, para tener recursos que equilibren los meses que se gana más, con los que se gana menos, es imprescindible tener tres reservas monetarias:

1. Fondo de emergencias. También llamado popularmente “colchón”. Su importe óptimo se suele considerar entre tres y seis meses de gastos necesarios mensuales. Es el que te da margen de maniobra si algo imprescindible y caro se rompe, o si sufres un impagado, o algún suceso imprevisto te impide trabajar.

2. Fondo de amortiguación. Los meses que se gana más dinero, una vez descontados los impuestos y los pagos, el excedente se va acumulando en este fondo. Es el que nos permitirá afrontar los tiempos de menores ingresos sin merma en nuestro nivel de vida. Su utilización es continua, y si se gestiona bien se puede llegar a tener un fondo constituido de hasta seis meses de gastos que nos de solidez.

3. Inversiones y metas financieras. Aquí encuadras tus objetivos de ahorro, tanto personales (unas vacaciones, un vehículo nuevo), como profesionales (formación, un ordenador nuevo), y como objetivo de largo plazo, la necesaria constitución del ahorro para la jubilación (que no necesariamente ha de ser un plan de pensiones).

Los dos primeros fondos han de estar colocados en productos financieros a corto plazo, que permitan una liquidez inmediata, para así poder cumplir con su función preventiva. El último podrá estar colocado en inversiones diferentes en función del plazo en que se van a necesitar.

 

Para que el sistema funcione bien tienes que fijarte en dos magnitudes principales:

La primera: si ya llevas tiempo en marcha, recoge los datos de tus ingresos en el pasado año y determina tres valores, el máximo, el mínimo y la media del todo el año. El valor del máximo y del mínimo y en qué momento se produjeron te darán la pista de los meses con mayores necesidades. A partir de la media (la suma de todos los ingresos mensuales, dividido por doce), puedes calcular tu presupuesto de gastos, si bien es aconsejable tomar un tercio menos de la media para ajustarse mejor a imprevistos.

La segunda: cuánto necesitas (de verdad) para vivir teniendo en cuenta vivienda, alimentación, transporte, vestimenta, y ocio. Si lo infravaloras empezarás a tirar de aquí y de allí y no podrás coger el ritmo. Ajusta lo que puedes gastar en función de los dos tercios de la media que has calculado antes. Si un mes ganas menos de dicha cantidad, tomarás el resto de tu fondo de amortiguación, si por el contrario ganas más, ingresarás el sobrante en dicho fondo.

Cuando por el contrario, estás en la fase inicial de tu negocio, tienes que tener en cuenta que habrá un periodo de ajuste, en el que éste apenas dará ingresos, pero tienes que vivir, motivo por el que ya he mencionado en otro post, la necesidad de tener un ahorro reservado para tal fin hasta que tu empresa arranque, que puede ser hasta de un año.

 

En resumen, el enfrentarse a la administración de tus finanzas con ingresos irregulares, es absolutamente necesario  desde el momento que eres tu propio patrón. Utilizando este sistema, tienes la tranquilidad de tener tus gastos imprescindibles cubiertos y aspirar a otras metas financieras, saber si puedes expandir tu empresa, continuar tu formación, asegurar tu jubilación, y tener la confianza de no llevarte sustos ni disgustos.

Además una planificación adecuada te permitirá conseguir ese estilo de vida que deseas y para el que estás dispuesto a trabajar. Sigue la regla de tres y despejarás la incógnita de qué hacer cuando no tienes una nómina a fin de mes, sólo es otra forma de organizarse igual que has elegido otra forma de vivir.

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