¿Vas a pedir una subvención? ¿Piensas que puede ser la solución a tus oraciones?

Las subvenciones son una de las fuentes de financiación más buscadas a la hora de iniciar y también cuando quieres hacer crecer tu negocio.

Parecen llenas de ventajas, dinero fácil, que no hay que devolver o solo en parte, mucho mejor que pedir un préstamo.

Y ¿qué es una subvención?

Es una ayuda de tipo económico, o sea, en dinero y no en especie, que da el Estado o sus organismos, también algunas proceden de la Unión Europea directamente, que tiene unos objetivos determinados para su concesión:

1. Para ayudar a abrir negocios nuevos.
2. Para realizar nuevas inversiones.
3. Para impulsar un sector de actividad concreto.

Si quieres conseguir una subvención tienes que solicitarla, asegurarte de que cumples las condiciones exigidas por la misma y esperar a que se apruebe.

Si te la conceden, has de esperar a que te la ingresen cuando dispongan de los fondos correspondientes.

 

Y aquí viene el lado oscuro, lo que no te cuentan a la hora de pedir una subvención, y son las siguientes realidades:

1. Papeleo infinito. Hay que solicitar las condiciones, asegurarte de que las cumples, y reunir toda la documentación que te puedan pedir, que siempre es mucha.

Aquí tiene su sitio el famoso plan de negocio, que es una de las cosas para las que sirve. Y por último, cumplir los plazos de presentación de la documentación, que es una maratón.

Preparar todo esto suele llevar un tiempo y una energía que muchas veces están mejor empleadas en otros propósitos porque además:

2. No cubren nunca en su totalidad la inversión a realizar. Si se te ocurre pedir una subvención y “mientras te la conceden” empiezas a invertir, puedes encontrarte con que no te la concedan y has tirado el dinero, lo que has hecho no lo puedes terminar.

Si la viabilidad de tu proyecto depende de que te concedan una subvención, vuelve a hacer las cuentas, porque las posibilidades de que te quedes colgado son muy altas, porque además:

3. No te van a dar el dinero hasta que ya no te haga falta. Incluso en el caso de que te la concedan, no vas a tener el dinero disponible hasta mucho después de que hayas realizado la inversión en su totalidad.

4. Y además tienes que cumplir las condiciones que te soliciten, no solamente cuando las pides, sino por el tiempo que te hayas comprometido, porque muchas tienen periodos de varios años en los que es obligatorio mantener la actividad, u otras condiciones de localización, porque si dejas de cumplirlas:

HAY QUE DEVOLVERLAS, con los problemas de todo tipo que eso tiene.

Si te concedieron la ayuda para que estuvieras activo por lo menos cuatro años, y cierras a los tres porque el negocio no va, además del resto de gastos, tendrás que devolver la subvención.

5. Y para terminar, también encontrarás como subvenciones las bonificaciones en los tipos de interés en préstamos de inversión, o sea, que los ponen más baratos que el precio de mercado.

Pero para beneficiarte tienes que haber pedido el préstamo y luego por supuesto devolverlo, aunque sea más barato. Es el caso de los conocidos préstamos ICO (Instituto de Crédito Oficial).

Estos préstamos tienen las mismas restricciones a su concesión que todos los demás, no son más fáciles de conseguir, solamente algo más baratos, pero tampoco los regalan.

 

En resumen, las subvenciones no son precisamente “dinero fácil”. Son costosas de solicitar en cuanto a tiempo, trámites y papeleo.

Se cobran muy tarde, cuando ya no te hace falta el dinero, en todo caso mucho más allá de lo que sería razonable para ser un verdadero apoyo. Y te puede ocurrir que si incumples alguna de las condiciones que tenías en la concesión, tengas que devolverlas en su totalidad.

En cuanto a la financiación más barata, puede suponer una pequeña ayuda, pero hay que hacer las cuentas teniendo claro que es un préstamo normal que hay que devolver, y por supuesto cumpliendo las condiciones de su concesión.

Y tú ¿qué opinas? ¿conoces algún caso parecido? Déjame tu comentario, y si te gustó, gracias por compartirlo.