Tres razones para librarte de las deudas

Coaching Financiero Para Emprendedores

Tres razones para librarte de las deudas

La señal más evidente de que nuestra economía no va bien es cuando nos sentimos atrapados  por las deudas. Esto ocurre independientemente de la cantidad de dinero que se gane, si cuando acabas de cobrar se te va todo en pagos variados, es el momento de replantearse para quién estamos trabajando.

Vamos a ver de una manera muy gráfica, adónde nos lleva la falta de planificación financiera, escuchar los cantos de sirena del marketing, y tomar decisiones sin ser verdaderamente conscientes de las consecuencias.

Primera razón. Normalmente las deudas más importantes por importe y duración son la hipoteca y el pago del coche. Juan y María ingresan mensualmente 2.000 euros, de los que pagan 500 para la hipoteca de la casa y 200 para el coche. El total de endeudamiento mensual es del 35%  sobre el total ingresado.

Hemos de saber que este porcentaje (y a veces más bajo, del 30%), es el que consideran los bancos como máximo para conceder un préstamo de cualquier clase. Se entiende que con un endeudamiento mayor se incrementan peligrosamente los riesgos de impago.

Esto significa, que en caso de necesidad acuciante no hay renta disponible para endeudarse. Si alguien te presta dinero, no será un banco, sino alguna clase de entidad que te cobrará el tipo de interés que quiera (hasta el 24%) por concederte una cantidad “para salir de apuros”. También ésta interpreta que posiblemente no puedas pagar y se lo cobra en el precio.

Solución: hacer un colchón de ahorro para imprevistos.

Segunda razón. Comprar con una tarjeta de crédito de “cómodos plazos”, es la generación de una “burbuja de endeudamiento”, de la que es muy difícil salir. Veamos qué es lo que ocurre con Juan y María que contratan una tarjeta aplazada de un conocido hipermercado y la utilizan regularmente para sus pagos corrientes. Tienen concedido un límite total de 1.500 euros. Al mes tienen un pago de tarjeta de 200 euros. Hemos hecho los cálculos con el coste en intereses habitual en las tarjetas de este tipo que es del 20% anual (aunque suelen expresarlo en mensual en este caso un 1,66%). Este es el desarrollo de los acontecimientos:
CUADRO DEUDA TARJETA
Cuando empiezan a utilizar la tarjeta hacen unas compras mensuales de 500 euros, y una amortización mensual de 200. Después de 5 meses han llegado a una situación en la que se encuentran que pagan todos los meses 200 euros para poder utilizar 175. No sólo eso, sino que además tienen una deuda consolidada de 1.325 euros que antes no tenían. Se plantean a partir de septiembre acabar con esta deuda, y sin volver a utilizar la tarjeta para nada les harán falta todavía 7 meses para cancelar el saldo pendiente.

Esto es en un mundo ideal, en el que la reflexión les  lleva a ver que, si no es cortando el gasto la deuda nunca se va a terminar. Es de lo más normal en cambio que, cuando se ha llegado a esta situación con una tarjeta se repita con otras similares, se realicen pagos de unas con otras  o se realicen pagos aplazados en los comercios con características parecidas.

Al final, por haber gastado un dinero que no se tiene tres meses, están atrapados siete meses a cambio de nada, eso si son capaces de parar la rueda.

Tercer motivo. Para no caer en estas espirales, es esencial diferenciar entre necesidades y deseos. Las necesidades es todo lo que es imprescindible para vivir. Los deseos todo lo demás. Las necesidades hay que cubrirlas, los deseos hay que planificarlos.

Dentro de las necesidades tenemos también los imprevistos, que como su propio nombre indica no podemos saber cuando pueden ocurrir, pero de hecho suceden. Para evitar caer en endeudamientos indeseados es fundamental hacer un colchón de ahorro para cubrirlos.

No se trata de prescindir de todo. Se trata de ser conscientes de cómo gastamos. Si Juan y María no se hubieran “acostumbrado” a comprar cosas no urgentes, ni necesarias varios meses, esta situación no se hubiera producido.

No solamente se han entrampado, sino aunque hayan comprado las mejores ofertas, han pagado un sobreprecio en intereses que les hace perder todo atractivo.

El marketing está diseñado para la compra por impulso. Si queremos gobernar nuestro dinero tenemos que aprender a parar los impulsos. Ejemplos típicos: ofertas 3×2, que “no se pueden dejar pasar”, tamaños grandes donde el precio por kg resulta ser mayor que en los envases pequeños, la exposición de productos de tres precios para que “elijamos” el intermedio (siempre lo hacemos entre tres opciones barata, media y cara).

Hay precios que ponen “rebaja” y muchas veces es de 0,10 céntimos y ni siquiera nos fijamos. La trampa más conocida, los precios que acaban en 9, 99 y 999.

El marketing segmenta a los consumidores, estima mediante variados procedimientos cuánto estamos dispuestos a pagar por un producto, y si te lo puede vender por más, no te lo va a ofrecer por menos. Por eso es tan importante mirar los precios “de verdad” de nuestros consumos más habituales y comprar en más de un sitio puede abaratar considerablemente la cesta de la compra.

Cuando se trata de compras importantes, de importes más elevados, no hay que mirar sólo las prestaciones, sino también dónde están más baratas. Hay quien es capaz de andar un barrio entero para rebajar 10 euros en una compra de fruta y luego no es capaz de mirar un traje caro en más de un sitio, aunque sea por los mismos 10 euros. Cuando se compra algo barato curiosamente lo miramos más, en cambio asumimos sin problemas variaciones idénticas en productos más caros.

El verdadero triunfo del marketing es que consideremos los deseos como necesidades. La combinación del impulso con la financiación “fácil” nos lleva a descontrolar nuestro gasto. Liberémonos de las deudas. Cuando deseemos algo, busquemos y comparemos, y cuando sepamos cuánto puede costar, presupuestando el ahorro correspondiente podremos conseguirlo sin caer en la trampa del endeudamiento. Nadie sale de un hoyo cavando más profundo. ¿Y tú? ¿Qué opinas?

About the Author:

Hola, soy Mª Angeles González, Economista y Coach Financiero. Tras 30 años de experiencia en el sector, ayudo a emprendedores a que su dinero trabaje a su favor, con un método flexible y eficaz. ¡Avanza! No es cambiar, es crecer.

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